Dos imágenes me vienen a la memoria cuando recuerdo los diez años de alcalde de Paco Borruey. Una es de los inicios de su larga gestión, a los pocos días de ser elegido alcalde en 1997. Con apenas dos semanas en el cargo, se enfrentó a un difícil realojo de 250 vecinos de varias fincas que sufrían aluminosis. Fue su primer gran problema y lo afrontó como siempre solía hacer las cosas este político curtido en el sindicalismo de la UGT. Se puso al frente del operativo para garantizar la seguridad de sus ciudadanos y puso su empeño en reconstruirles las viviendas. En 2005, les entregó las llaves de las casas reconstruidas.
"No estaría aquí si no fuera para servir al ciudadano", comentaba en una entrevista a Levante-EMV en un especial de las fiestas de su Paterna de adopción. Unas fiestas que apasionaron a este aragonés desde que llegó a la ciudad en 1986, procedente de Barcelona. Prueba de su enamoramiento por Paterna y sus festejos, fue que revocó un acuerdo plenario para poder acudir a las procesiones. Le entusiasmaba desfilar con su comparsa cristiana Realistas.
La otra imagen que conservo de Paco es otra más reciente, de su último año de alcalde, cuando no dudó en coger una rama de un árbol y colaborar en la extinción de un conato de incendio en la Vallesa, el bosque que siempre quiso proteger. Así era Paco. Siempre se ponía al frente. Quizá su fuerte carácter le impidió saber retirarse a tiempo de la política activa. Descanse en paz.