LAURA SENA BÉTERA
Un intenso aroma mediterráneo impregnó ayer hasta el último rincón de Bétera como si de un ritual de fertilidad de la antigua Grecia se tratara. El particular homenaje que esta población del Camp de Túria rinde a la alfábega, en pleno esplendor al llegar al ecuador del mes de agosto, fue seguida ayer por miles de vecinos y visitantes que se embriagaron del olor de esta aromática. Ni el fuerte calor apartó a festeros y espectadores del recorrido que coronó una semana en la que se ha batido un récord Guiness, al lograr que una de las alfàbegues creciera 2,71 metros.
La jornada se inició con la recogida de las dos obreres fadrines, Cristina y Ana María, quienes ataviadas con indumentaria de valenciana y flanqueadas por familiares, amigos y festeros, llegaron hasta l'Hort de les Alfàbegues. Y aquí comenzó el ritual. Tras las fotos de rigor y la inspección de las 16 alfàbegues, partió la comitiva, entre los piropos de los vecinos, que lanzaban serpentina y confeti durante el recorrido. A la entrada del templo, las obreres casades les esperaban.
Los actos de ayer contaron con una novedad: la recuperación de una variedad antigua de alfàbega, gracias a que el anterior responsable del huerto, hoy ya anciano, había conservado semillas de hace décadas. El organizador actual, Ramón Asensi, ha logrado que crezcan cuatro de estas plantas y "el objetivo es que en años posteriores todas sean de este tipo". Además, pretende catalogarla como alfábega de Bétera.
También en el recorrido, los festeros más pequeños portaron formentets, otra de las plantas que junto con la perpetua se utilizaba en las procesiones de principios del siglo XX. "Esperamos tener las tres el año que viene", avanzó el experto.
Cada alfábega fue portada por grupos de entre seis y 1o personas, según el tamaño, y las dos de mayores dimensiones, que acompañaban a las obreras, con un peso de más de 1.500 kilos, fueron arrastradas gracias a un soporte con ruedas.
Tras una intensa jornada, los festejos acabaron al anochecer.