M. PÉREZ GANDIA
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Eran las ocho y media de la tarde del lunes, hora en que el servicio de socorristas de Cruz Roja en la playa de Gandia había concluido. Un joven militar de 19 años se encontraba apurando las últimas horas de sol junto con su novia cuando unos gritos de auxilio de una mujer rompieron la tranquilidad sonora de las olas del mar.
Héctor Moreno se levantó para ver lo que sucedía y comprobó que, sobre una boya, a unos doscientos metros de la costa, había un hombre agarrado al flotante pidiendo socorro. Había mala mar, dado que, durante la jornada del lunes, ondeó la bandera amarilla y las corrientes eran bastante fuertes. No se sabía lo que aguantaría el hombre sobre el flotante y no había tiempo para esperar la llegada de ayuda.
Este gandiense, héroe por accidente, narraba ayer que "la gente creía que el hombre estaba amarrado a un fardo de droga y, yo creo que por un cierto temor, miraba sin actuar". En ese momento, al percatarse de la realidad, no se lo pensó dos veces "y me tiré al agua para ayudarlo".
El militar, por su formación en la brigada de paracaidistas, es socorrista, por lo que pudo llegar hasta la víctima y tratar de tranquilizarla. "Lo único que me decía era: ¡no me deje, no me deje!", explicaba ayer Héctor. Tras dirigirle hasta la costa, y una vez sanos y a salvo los dos, el bañista, de unos treinta años, le agradeció a Héctor su valor mientras él intentaba restarle importancia a lo ocurrido, todo ello ante la mirada de decenas de personas que se arremolinaron en la arena para felicitar al héroe