PABLO GARRIGÓS XÀTIVA
El río Canyoles se ha quedado seco a su paso por el valle de la Costera. Con la llegada de la época estival, este afluente del Júcar ha visto desaparecer su caudal y, con ello, han disminuido su piscifauna y las bandas de patos, pollas de agua y garzas que empezaban a proliferar. El aumento de las extracciones de agua para el riego de los campos en verano impide la llegada de nuevas aportaciones al río.
Las innovaciones que se han hecho en las huertas del entorno para pasar del riego "a manta" al localizado no han tenido "ningún efecto" en el Canyoles. El consumo de recursos hídricos ha aumentado, aseguran desde la Asociación Canalina en Defensa del Medio Ambiente (Acdema). Su presidente, Salvador Martínez, advierte que las transformaciones agrícolas de secano a regadío han disparado el consumo de agua: "el riego localizado ha servido para que se ponga riego a cientos de nuevas hectáreas de secano. No se ha avanzado nada. Al contrario", apunta el presidente de Acdema.
El agua del Canyoles proviene, en gran parte, de los acuíferos del Macizo del Caroig. Cuando llega el verano, la activación de los números pozos de la zona y la desviación de los manantiales a balsas de regadío hacen descender de forma importante el caudal y la consecuencia es que la flora y fauna que se ha originado en las estaciones anteriores perezca.
Un río con enormes impactos
El Canyoles es un río muy castigado. Se han vertido en él aguas residuales y tóxicas de los complejos fabriles y muchos veían el río como su vertedero. Por ello, el Canyoles no ha tenido otra salida que convertirse en un mero barranco con una única función: evacuar el agua en las temporadas de lluvias.
En este sentido, ni los responsables políticos de las diferentes administraciones públicas ni la comunidad de regantes ni incluso los ecologistas de la zona han hallado hasta ahora la forma de solucionar este grave problema. Los regantes justifican que "siempre ha sido así y no se puede hacer nada porque se necesita el agua".