TERESA JUAN-MOMPÓ ALZIRA
Esta vez, a la segunda, va la vencida o, al menos, eso parece. El gallo Cococó ayer cantaba mal, muy mal: "Está ronco", comentaba su propietario Josep Marco. El miércoles el ave fue intervenida por segunda vez para tratar de debilitar su canto y evitar así que su sonoro y potente quiquiriquí continúe despertando a deshora a niños y mayores de las casas vecinas de Benifaió.
Como adelantó en exclusiva Levante-EMV en la edición del 29 de agosto, Josep Marco (presidente en Valencia de Slow Food, una organización internacional que aboga por recuperar las costumbres y tradiciones del medio rural) decidió la semana pasada operar al gallo Cococó después de recibir varias quejas de vecinos cuyos patios de luces recaen sobre el corral de la familia Marco que, en los últimos seis meses, ha intentado "de todo" para que el ave no cantara de noche y molestara a los vecinos.
Ni las persianas de madera que cubren el gallinero, ni los pequeños focos solares que iluminan tenuemente por la noche el corral para evitar que las gallinas se despierten con el encendido de luces durante la noche en los apartamentos y canten, han conseguido silenciar a Cococó que, como buen gallo, apenas percibe el alba o escucha algún ruido que delate actividad, emite un fuerte quiquiriquí para avisar de que ya es hora de levantarse.
Cortar un poco más las cuerdas vocales
Cortar un poco más la membrana fonadora. Ése era el objetivo de la segunda intervención quirúrgica practicada el miércoles al gallo Cococó. Como advirtió el veterinario Luis Ordás, encargado de la operación, cabía la posibilidad de que no se le hubiera extirpado suficiente membrana y que el gallo siguiera cantando tras la cirugía del 26 de agosto.