ELOÏSSA VIDAL MORAIRA
La fotografía de la piscina del albergue de Moraira respondía, ayer, a las millones de escenas alegres y en familia típicas del verano. Los protagonistas lucían la mejor de sus sonrisas enfundados en trajes de baño, toalla en mano, y pertrechados con todo tipo de flotadores. Los diecisiete niños y cinco madres disfrutaron, así, de una mañana de piscina al aire libre. Sin embargo, lo excepcional es que las cinco jóvenes son reclusas del módulo maternal de la prisión de Picassent; además, la mayor parte de los pequeños han sido criados entre las cuatro paredes del penitenciario, junto a sus madres, hasta los tres años.
Acompañándoles y como madres y padres voluntarios participan también de la semana de vacaciones en Moraira diecinueve monitores. La iniciativa promovida la ONG Padre Garralda-Horizontes Abiertos se desarrolla por octava vez en la Comunitat Valenciana. El voluntario y organizador, Juan de Rus, explicó que la escapada permitía lograr un lugar de encuentro entre las mujeres y sus hijos, tanto los internos, como los externos.
Además, las vacaciones sirven a las condenadas para retomar su contacto con el exterior e iniciar su reinserción y su relación con los hábitos y costumbres sociales. De Rus comentó que se propicia una ruptura de la rutina carcelaria y las pautas de comportamiento de las internas. Al respecto, se trabajan objetivos como el de mejorar la comunicación entre las personas y hasta sencillos detalles como tener la responsabilidad de encender y apagar las luces o cerrar las puertas al entrar en su habitación e ir a dormir.
El calendario y los horarios de la experiencia no dejan lugar al aburrimiento: excursiones, visitas, charlas, fiestas, talleres, etc., que son bien aprovechados. Uno de los objetivos a trabajar durante la semana es el aumento de la autoestima y la amistad.
En medio de la piscina, Carolina, de 24 años saboreaba la libertad junto a sus dos pequeños. Uno de ellos no veía el momento en parar de lanzarse al agua en dirección a los brazos de su madre. Después de cuatro años internada, la joven salía el lunes de Picassent para unas mini-vacaciones de siete días. Encantada, Carolina, agradecía la buena iniciativa de la Fundación: "nos sirve para salir de las cuatro paredes de la prisión y dejar de un lado el estrés de nuestra rutina". "Aquí no hay vigilancia, somos totalmente libres como cualquiera".