A. P. F. DÉNIA
El seco y polvoriento cauce del río Gorgos, de repente, entre las montañas de Llíber, muestra un caudal en abundancia. El olor y el color verde tirando a negro delatan que el agua no es, precisamente, de origen natural. Un poco más arriba está la EDAR (Estación Depuradora de Aguas Residuales) de Llíber y Xaló. En Gata, pasa algo parecido, aunque aquí el agua es más negra y concentrada y no corre, porque se filtra directamente al subsuelo por una sima. Ambas depuradoras cuentan con aliviaderos que evacuan el liquido residual al río. Son instalaciones que han quedado sobrepasadas por el crecimiento de población y que presentan deficiencias. El agua fecal que vierten directamente al Gorgos puede haber recibido un primer tratamiento de depuración, pero salta a la vista, por el hedor y su oscuro color, que es un caudal con gran carga de materia orgánica.
La decisión de construir estas EDAR junto al cauce del Gorgos, declarado LIC y que esconde entornos de gran valor ecológico y paisajístico, ya fue un error. Pero todavía es más grave que se contamine el río con agua residual que no está totalmente depurada.