M. PÉREZ GANDIA
Nueve de la noche. Comienza a hacer frío. Hay que cerrar las ventanas. Khadja tiene que acostar a sus dos hijos de 3 y 5 años y en la habitación no se puede conciliar el sueño. Hay humedad por todas partes. El colchón está mojado. No se puede ni respirarÉ pero no hay otra cosa.
Khadja paga religiosamente su alquiler al Instituto Valenciano de la Vivienda (Ivvsa). Levante-EMV visita su casa y la sorprende haciendo el Ramadán. Cada vez que llueve, Khadja "oculta" a sus dos hijos de 3 y 5 años en un rincón de la casa donde no filtre el agua. El ruido de las goteras se entremezcla con los hongos que comienzan a florecer debido a la humedad. Las ventanas por el día están abiertas para intentar secar las paredes y el techo de la casa. No es suficiente. Han sido muchos días lloviendo y las filtraciones han hecho mella.
Y Khadja vive mirando el cielo. En sus ojos, el temor de nuevas lluvias y la preocupación de una madre por sus retoños. Con la nariz tapada por el olor a humedad, esta inquilina de Simancas explica por dónde entra el agua a su vivienda. El error fue tapiar las puertas de los pisos deshabitados y dejar las ventanas abiertas. El mal ya está hecho. Tuvieron que abandonar su casa acompañados por la Policía Local porque la vivienda parecía una catarata de tanta agua que, a través de la escayola del techo, inundaba habitaciones y comedor. Ha pasado casi un mes del desalojo y según Khadja, "ha venido la policía y me ha dicho que ya puedo regresar a mi casa. Que no hay peligro".
Pero esta mujer tiene claro que, por economía no puede ocupar otra vivienda, ella es alquilada en Simancas y por tanto, atrapada entre la burocracia. Ante la pregunta de qué ocurrirá mientras dure el proceso Khadja responde que le han dicho que "si hubiera más goteras es mi problema" que "no se va a arreglar nada" se lamenta mientras no deja de pensar en sus dos hijos.
Esta mujer y su familia no pueden percibir una indemnización de 12.000 euros para ocupar otra vivienda dado que no son propietarios de la misma. El contrato de Khadja vence en diciembre de 2009, lleva cinco años alquilada en Simancas, y mientras no sabe si se le renovará el contrato para poder seguir residiendo en su piso, el agua le entra a mares. Tiene que dormir con hijos ?-los tres en la misma cama- en la única habitación donde, por el momento, no llueve en su interior.