MÓNICA ROS BURJASSOT
A María Dolores Chust le hacía ilusión ser clavariesa de la Virgen de la Asunción de Burjassot. Pero no sólo eso. Quería que sus dos hijas, de 36 y 31 años, la acompañaran. En Burjassot existe una tradición al respecto: las clavariesas, cuando finalizan los actos del 15 de agosto, proponen a sus sucesoras para el año siguiente. Sin embargo, este año, las plazas quedaron vacantes y no se nombró a quienes ocuparían este cargo.
Por ello, María Dolores Chust ni se imaginó que no podría hacer su ilusión realidad. La mujer se puso en contacto con un grupo de 15 mujeres que se habían ofrecido a hacerse cargo de los actos exclusivamente religiosos de la festividad. La lotería, el castillo de fuegos artificiales o la música, quedaban aparte. Así se lo comunicaron al párroco de la iglesia de San Miguel, que accedió encantado. Ellas serían las encargadas de que todo estuviera listo en la misa y en la procesión de la Virgen de la Asunción.
Por ello, la llamada de María Dolores Chust -ofreciéndose a ser clavariesa junto a sus hijas y hacerse cargo de los actos- les pilló por sorpresa. Sin embargo, la posibilidad de incluirlas en su grupo se descartó desde el primer momento. Según María Dolores, "me dijeron que no había ningún problema, que ellas se retiraban de clavariesas y si nosotras tres podíamos hacernos cargo de todo, perfecto. Eso sí, me dijeron que o ellas o nosotras, no había otra posibilidad".
Con esta información, María Dolores Chust llamó al párroco de San Miguel. En este punto, las versiones cambian de forma radical. María Dolores asegura que el cura "me dijo que mis hijas y yo no podíamos ser clavariesas porque ya había un grupo que se encargaba de la fiesta religiosa. Me recriminó que no me conocía de nada y que la iglesia es del 1 de enero al 31 de diciembre. ¿Y qué sabrá él las veces que voy a misa? ¿Y qué tendrá que ver la iglesia a la que pertenezca para ser clavariesa de la Asunción? Me sentí muy mal porque realmente me hacía ilusión y no me han dejado participar. No me esperaba esa reacción, la verdad".
Sin embargo, el cura de la parroquia de San Miguel se niega a elegir entre un grupo de 15 mujeres "a las que conozco y que se han prestado voluntarias para encargarse de los actos religiosos" y otro grupo de tres personas. "Lo que yo dije fue que se unieran al grupo de 15 personas, y punto. En ningún momento hice referencia a si iban o no a misa, aunque sí le recalqué que se acercara por la parroquia porque no la conocía de nada y no sabía quién era".