Valls quiere que el acoso grafo-psicológico sea reconocido como una forma más de violencia escolar y para ello llevará a cabo una serie de conferencias y presentará su estudio entre los profesionales del sector educativo y psicológico.
Las pintadas son anónimas y el centro escolar poco puede hacer porque el delito ha ocurrido en la calle, pero la víctima podría denunciar y "si se fuera a la escuela (con orden judicial) para que los sospechosos escribieran unas palabras, se podría averiguar quién es el autor", explica Valls. De forma que el agresor no quedaría impune. P. B.Cullera