M. PÉREZ GANDIA
Llevan tres días comiendo sólo naranjas. La más joven se acaricia el estómago mientras atiende las preguntas. Ella y una veintena de compatriotas de Resita (Rumania) estaban ayer a las puertas de Cáritas de Gandia a la espera de que alguien les pudiera atender, al menos para no pasar otro día sin comer. "Mañana ya veremos", dicen.
Es el drama que ayer protagonizaron este grupo de rumanos, de entre 22 y 39 años, que llegaban de la comisaría de policía para denunciar "explotación laboral", un hecho del que acusan a una empresa de trabajo temporal de Aldaia y a una mujer que actuaba como intermediaria, también rumana. "Nos recogían a las 6 de la madrugada con una furgoneta y nos devolvían a las 9 o 10 de la noche", explica Adrián P., uno de los denunciante. Han pagado 500 euros cada uno a una mujer que vive en Sueca en concepto de "alquiler de vivienda y alimentación, pero no he?mos recibido ni el salario ni comida".
Todos están legales, aportan su documentación y el contrato de la ETT como "recolectores de cítricos" para la presente temporada. Han trabajado en Oliva, Xàtiva, Torres Torres y Aldaia. Ahora, tras la denuncia, tienen miedo a represalias. Una de las mujeres teme que "la bandida venga una noche a casa y nos haga algo", en referencia a la intermediaria que gestionó su viaje a España."Ya no podemos pagar el alquiler de la casa de Daimús. La dueña, por caridad, nos permite estar toda esta semana allí, pero después no sé dónde iremos", explica, entre sollozos, Simona.A las jornadas de 16 horas de trabajo hay que añadir que "nos pagan entre 1 y 1,20 euros por capazo lleno de mandarinas", explica Adrián, quien asegura que "a mí me deben 101 capazos, a mi hermano 60, a su mujer 48É".
Ayer se encontraron con que el comedor de Cáritas no abre los viernes. Una voluntaria de la asociación les dio comida. "Hemos comido un plato de cebolla y carne", decía uno de los inmigrantes.