CARLOS ALÓS ALZIRA
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E?n pleno debate sobre la legalización de la prostitución, la cara más amarga de este antiguo modo de ganarse la vida asoma por las carreteras de la Ribera a cara descubierta. Es la prostitución callejera, la más visible y también la más estigmatizada de un negocio que en conjunto mueve millones de euros y en el que el cuerpo es la mercancía y lo que se compra y se vende, únicamente sexo.
Las mujeres que la ejercen en la calle son en su inmensa mayoría (un 90%) inmigrantes menores de 30 años. Comienzan a ser habituales en las periferias de las grandes ciudades de la Ribera, especialmente en accesos a ciudades como Cullera, Sueca o Alzira.
Según el estudio sobre prostitución femenina en la Comunitat Valenciana, coordinado por el Instituto de la Mujer y la Universitat de València, y financiado por la Conselleria de Bienestar Social, sólo el 6% de las mujeres que se dedica a la prostitución lo hace en la calle.
La ONG Cáritas Diocesana también ha detectado que la prostitución callejera ha abandonado los lugares habituales en Valencia, en torno al puerto y la carretera de El Saler, para trasladarse a la periferia, a los polígonos industriales y a carreteras cercanas a ciudades medias, según explica la responsable del programa Jere Jere, de ayuda a prostitutas, Vicen Sanz. "La presión de las ordenanzas las obliga a dejar las zonas urbanas y la única opción es quedarse en polígonos o carreteras".
Según el estudio de Bienestar Social en el que han participado departamentos de cuatro universidades públicas valencianas, los polígonos industriales más próximos al área metropolitana (Alaquàs, Alfafar, Massanassa o Silla) donde se concentran fábricas y empresas con mano de obra mayoritariamente masculina, y las ciudades costeras y de más de 40.000 habitantes como los lugares donde el comercio del sexo más ha proliferado en los últimos tiempos. En este punto cita a Cullera como ejemplo.
La alcaldesa de Alzira, Elena Bastidas, ha impulsado en la Federación Valenciana de Municipios y Provincias una normativa marco para los ayuntamientos para sancionar las actividades que alteren el orden y el espacio urbano como la prostitución, el botellón, el top manta o los gorrillas. Cada municipio puede acogerse para regular las actividades sin licencia en la vía pública que supongan un delito o una incomodidad. Desde el ayuntamiento anuncian que Bastidas impulsará el desarrollo de la norma en Alzira que ella misma lanzó desde la Federación.