RAMÓN PARDO CASTELLÓ
Lejos de la preocupación en la que viven otros equipos de gobierno por la crisis económica que afecta a todos los sectores productivos y, en especial, al de servicios que engloba al turismo, el alcalde, Rafael Albert, pintaba al final del último pleno de noviembre un panorama muy positivo, con una deuda mínima de 540.000 euros "menos que mi hipoteca", bromeaba. Así, tras la reducción de los ingresos en 500.000 euros a consecuencia de la rebaja del IBI, enfatizaba que las 5.000 viviendas que se prevé dar de alta y el empleo de los 14 millones del plan municipal del suelo aliviarán la situación.
El presupuesto, a pesar de que la paralización de la construcción, hasta ahora el motor del desarrollo municipal, ha crecido un 22,25 por ciento y sobrepasa los 21 millones de 2009 para alcanzar los 26,5 en 2010. Albert asegura que las arcas municipales están saneadas por lo que espera un remanente de tesorería positivo de casi 3 millones. Con estos argumentos juega para manejar el presupuesto para una ciudad que vive del turismo.
El hecho de que aún se tengan que ingresar dinero por las 5.000 viviendas debe achacarse al boom que tuvo la construcción años atrás -hay 4 años para darlas de alta-, pero contrasta con los carteles de venta de pisos en grandes urbanizaciones como la de la Ciudad de Vacaciones.