A. P. F. CALP
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El Ayuntamiento de Calp ha incumplido por segundo año consecutivo la obligación legal de entregar sus cuentas generales a la Sindicatura de Comptes. Más que negligencia, ese tardanza delata el desbarajuste económico de un consistorio que, gobernado por Bloc, PP y PSD, también ha sido incapaz de aprobar en tres años un presupuesto municipal. De hecho, mantiene prorrogado el de 2007, el último que sacó adelante el gobierno popular de Javier Morató. Es evidente que ese presupuesto no responde para nada a la situación económica actual, pero el actual equipo de gobierno prefiere vivir en una ficción contable, sin reducir gastos y con una deuda que engorda día a día.
Es por ello que Calp se asfixia económicamente. El ayuntamiento roza la bancarrota. Arrastra una deuda que asciende a 30 millones de euros. El endeudamiento por habitante supera los mil euros. Sólo tres municipios de Alicante rebasan esa barrera de los 1.00o euros. Son, además de Calp, Benidorm y Monforte del Cid.
Los números rojos del ayuntamiento calpino y el hecho de que por segundo año eluda la tarea de control de la Sindicatura de Comptes pueden empujar a este organismo a fiscalizar las cuentas municipales. Además, el consistorio está en el punto de mira de la Sindicatura también por otros asuntos. Este organismo ha investigado los sobrecostes en las obras que efectuó el gobierno del PP en el anterior mandato o la irregular recalificación urbanística realizada por Javier Morató. Esa recalificación fue de unos terrenos que el ayuntamiento no logró adquirir, pero sí ocupó ilegalmente, y ahora deberá indemnizar a los propietarios con 600.000 euros. En suma, más contratiempos económicos.
Ante semejante enredo en la hacienda local, el alcalde, Ximo Tur, del Bloc, se empeña en la cuadratura del círculo, es decir, en intentar reducir la deuda, pero sin cerrar el grifo de los gastos. En mayo de 2009, la corporación se propuso redactar en menos de tres meses un plan de saneamiento que fue presentado en julio por el alcalde. Pero la propuesta era un fracaso anunciado, porque, de entrada, ya contaba con el informe negativo del interventor. Ese informe advertía de la "ilusión financiera" de consignar en ingresos por futuros planes urbanísticos siete millones de euros. El plan del alcalde suscitó el rechazo del edil de Hacienda, Fernando Penella, y finalmente, de sus compañeros del PP.
El otro intento de sanear las cuentas municipales es anterior, de junio de 2008, cuando todavía era alcalde el socialista Luis Serna. Ese plan financiero se fue al limbo, porque en septiembre presentaron una moción de censura Bloc, PP y PSD. Precisamente, uno de los argumentos de la censura fue sanear las cuentas. Pero el actual gobierno ni siquiera ha conseguido aprobar un nuevo presupuesto.