PEPI BOHIGUES CULLERA
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¿Qué tipo de casos juzga?
Un 92% son referentes a nulidades matrimoniales e inciden en las facultades superiores de la persona, como la voluntad, la capacidad o incapacidad para donarnos y la capacidad para ser libres. En general, están relacionados con la capacidad personal de entrega o de asumir las obligaciones matrimoniales. Luego, el obispo puede constituir tribunales específicos (escoge entre los jueces miembros del tribunal diocesano) para juzgar cualquier otro tipo de causas, como una dispensa del orden sacerdotal. Pero mayoritariamente lo que se juzga son nulidades matrimoniales.
Han aumentado mucho en estos últimos años, ¿no?
Sí, desde 1997 a 2007 han aumentado muchísimo. Aunque la crisis ha marcado la solicitud de nulidad matrimonial. En 2009 se ha notado mucho la crisis económica en las solicitudes de demanda de nulidad eclesiástica, que han disminuido, y las que se han solicitado ha sido con justicia gratuita que la Iglesia otorga.
¿Entonces la nulidad matrimonial no es una cosa de ricos?
Yo a ricos veo pocos. He tenido en mi turno a taxistas de Valencia, a empresarios, a dependientas de El Corte Inglés... La mayoría de personas que solicitan la nulidad de su matrimonio son de capa socioeconómica media. Pero de vez en cuando sale algún famoso y se piensa que sólo hay famosos. A esto puede acceder todo el mundo porque la Iglesia reduce las costas si no tiene para pagarlas, aunque el coste de estos procesos no es grande.
Desempeña un cargo con bastante responsabilidad...
Sí, porque hay que tener certeza moral y hay que creérsela estudiándote la causa. Aparte de eso, está la carga personal: tengo que hilar muy fino porque en la Iglesia lo que está en juego son las almas de las personas. Es complicado en algunas ocasiones porque tenemos que alcanzar esa certeza moral.
Los congresistas que apoyan el aborto y las bodas homosexuales no podrán recibir la comunión, ¿es una sanción adecuada?
La declaración de la Conferencia Episcopal llama la atención a todo el mundo. No podemos practicar una cosa y después hacer otra y eso, por desgracia, es el acicate que está matando a nuestra sociedad. El político ejemplar es el que dice una cosa y actúa en convicción a eso, un político no debe hacer bandera de que es católico y, luego, aprobar una ley que atenta a la raíz de la vida, como es el aborto.
¿La Iglesia debería modernizarse en el tema del divorcio, los abortos y los matrimonios homosexuales?
No lo aceptará nunca la Iglesia, por mucho que cambie el mundo, porque la costumbre desde siempre no ha sido esa. La costumbre ha sido que un hombre y una mujer han formado un matrimonio porque naturalmente, sin ayuda de nadie, pueden dar vida. Pueden decir que sí y casarse. Y si han dicho que sí es que sí. La Iglesia podrá estudiar por qué ese sí es nulo, pero nunca admitirá el divorcio. Los otros tipos de uniones de dos personas que lo llamen de la manera que quieran, pero no es idóneo el uso del término matrimonio. En esto ha hecho hincapié la Iglesia. No las vamos a bendecir, pero Cristo murió en la cruz y tiene los brazos abiertos para todo el mundo, también para las personas divorciadas, homosexuales y las que quieran vivir su vida del modo que quieran. Pero un matrimonio siempre ha sido el de un hombre y una mujer. Y el tema del aborto es un acto intrínsecamente malo y la Iglesia no lo puede aceptar. Los curas estamos en contacto con mujeres que han abortado y con la crisis existencial que les ha provocado. La Iglesia defiende que se ayude. El mismo esfuerzo político que se hace para poner leyes para el aborto, que se ponga para ayudar a vivir, no en ayudar a matar.