CRISTINA SAYOL ALZIRA
Las deudas y el descenso de ingresos de los ayuntamientos de la Ribera han reducido ostensiblemente el presupuesto dirigido a las fiestas, el primero en caer cuando las cosas se ponen feas. Alzira, Sueca, Turís, BenifaióCarcaixent son sólo algunos ejemplos de cómo los ayuntamientos han aprendido hacer malabarismos en los últimos años para maximizar los recursos en unas fiestas de "bajo coste".
El ejemplo más palmario es el de Alzira. Durante años los alcireños se han pavoneado de contar en su cartel de fiestas con artistas de la talla de Ricky Martin, Amaral o Miguel Bosé. Los recortes, sin embargo, han obligado a cambiar las estrellas por cantantes de segunda división (el nombre que más suena en 2010 es el de Francisco) que, desde el año pasado, amenizan las noches alcireñas para decepción de muchos vecinos.
Quien ha sabido sobrellevar la crisis con mayor dignidad es el Ayuntamiento de Sueca. El pasado jueves aprobó el presupuesto -a la baja con respecto al 2009- para las fiestas del próximo mes de septiembre: 340.000 euros que servirán para contratar al Sueño de Morfeo o Celtas Cortos. Dos grupos que, sin embargo, no pueden compararse con artistas de la talla de El Canto del Loco, cabeza de cartel del 2009.
Prácticamente a la mitad ha reducido Carlet el presupuesto de fiestas en los dos últimos años: de 300.000 a 180.000 euros. Magia o no, esto es lo que han intentado las autoridades de Benifaió, que han visto cómo los 400.000 con los que contaban en los tiempos de vacas gordas se han reducido a unos exiguos 60.000. "Si antes contratábamos orquestas por 12.000 euros, ahora lo hacemos por 4.000", explica su concejal de fiestas. "La gente lo único que quiere es salir a la calle y olvidarse de la crisis", dice.
En Turís, las fiestas taurinas se han llevado buena parte del presupuesto: 45.000 euros, casi la mitad que en 2009. "Los toros no se tocan, pero hemos eliminado los grandes conciertos", explica el edil de fiestas. Así, se ha cambiado Seguridad Social por la cantante Lucrecia. La música, definitivamente, está más apagada que nunca.