R. G. ALBAIDA
Dos tortugas galápago y un agaporni son las últimas víctimas de la plaga de ratas que está llevando de cabeza a los vecinos de Albaida y a sus autoridades. Las dos tortugas han aparecido muertas, con la cabeza y las patas roídas, y rodeadas de excrementos de roedores en el patio de una vivienda. El agaporni, una especie de periquito, apareció una mañana muerto y con el cuerpo roído. Según ha contado la propietaria de la casa, las ratas provienen de los solares próximos y de dos casas abandonadas. El caso lo ha puesto en conocimiento del ayuntamiento "para que se den cuenta de que esto es algo serio y pongan remedio", se ha quejado R. B. S., vecina de la calle Sant Joan .
La presencia de una plaga de ratas en el casco urbano de Albaida viene siendo motivo de comentario vecinal desde hace meses. Incluso fue motivo de una pregunta de la oposición socialista al equipo de gobierno del PP en el pleno de julio, pero desde la alcaldía se ha restado siempre trascendencia al fenómeno. "Si hombre, y elefantes también", replicó el portavoz del PP, Roberto Sala. Fue en la procesión del 15 de agosto cuando se acabó de evidenciar el problema. Una rata obligó a interrumpir por unos instantes la procesión nocturna de la Virgen de la Asunción.
Como publicó este periódico, el roedor cruzó la calle a la altura de la Glorieta y se detuvo unos instantes ante los miembros de la corporación municipal, según testigos presenciales. Luego corrió hacia la banda de música, uno de cuyos miembros pateó el animal, que huyó en dirección a la calle Sant Francesc, perpendicular a la de Sant Joan, en donde ahora han aparecido los resto de las dos tortugas muertas.
La dueña de la casa ha explicado que estos dos animales exóticos se los compraron a dos sobrinos suyos: "como ellos viven en un piso, las dejaron aquí y venían a jugar con ellas".