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Murallas como hace 600 años

La rehabilitación de tres sectores de las murallas del Castillo de Sagunt recupera la técnica constructiva original

 
Panorámica de las obras de rehabilitación de las murallas de Sagunt.
Panorámica de las obras de rehabilitación de las murallas de Sagunt.  tortajada

Castillo de Sagunt. Las obras en marcha para rehabilitar tres murallas del Castillo de Sagunt son las primeras, en 30 años, en las que no se ha utilizado cemento ni se ha querido que, de lejos, se distinguiera lo nuevo de lo antiguo. El cambio de criterio en la restauración busca no romper la armonía con el entorno paisajístico.

MÓNICA ARRIBAS SAGUNT Los trabajos para rehabilitar las murallas del castillo de Sagunt han supuesto, en la práctica, un auténtico salto en el tiempo. El afán de los arquitectos redactores del proyecto, Luis Almena y Elisa Moliner, por emplear técnicas iguales o similares a las utilizadas en la construcción original ha exigido encargar herramientas actualmente en desuso, como pisones y tapieras, enseñar a trabajar como hace más de 600 años y perder totalmente de vista el habitual cemento.
Esto último es lo que más sorprendió a la mayoría de albañiles, tanto al principio de la obra cuando Edycon se hacía cargo de los trabajos, como con Torremar, que ahora planea acabarlos dentro de un mes, despues de que la primera adjudicataria entrara en suspensión de pagos.
La total negativa al empleo del cemento contrastaba de plano con el uso protagonista que este material había tenido tanto en las anteriores rehabilitaciones de murallas llevadas a cabo en los años 80 y en la más reciente dirigida por Manuel Portaceli. 
En aquel momento, el gusto por distinguir lo antiguo de lo nuevo era uno de los objetivos primordiales de este tipo de obras. Sin embargo, ahora Almena y Moliner han huido  de ese planteamiento y han seguido una premisa firme: Su reconstrucción  no se aprecia a nivel visual cuando se contempla a gran distancia "dada la importancia paisajística del castillo que, como hito, tiene dentro del municipio", como explicaban a Levante-EMV. Esto cambia al observar la intervención de cerca pues por el color o la textura se cumple la Ley de Patrimonio, que obliga a distinguir las zonas intervenidas de las originales.
En la restauración que ya está casi acabada, la de un lienzo situado junto al museo epigráfico -sector 1-, esto se aprecia de forma clara. De lejos no hay casi diferencias. A corta distancia, en cambio, se puede ver cómo los restos de unas aspilleras del siglo XIX se aprecian porque, en contra de lo que ocurre con las reconstruidas, carecen de un nuevo dintel y su acabado varía. "Lo  original no se ha  tocado. Solo se ha limpiado  pero, como llevaba  años cubierto de líquenes, puede costar reconocerlo", decían Almena y Moliner.
Ese interés por mantener las técnicas constructivas originales se ha cumplido de forma especial en los otros dos sectores con el uso de la técnica del tapial. Concretamente al intervenir en la torre de la muralla de más difícil acceso -en el sector 3- , por la montaña sur. Allí se ha hecho "a mano", con pisones,  un lienzo  de tapial calicostrado de tierra como en la   época medieval islámica.
No obstante, en cada caso, se han cuidado muchos detalles, siempre a partir de los datos obtenidos en estudios arqueológicos que ha ampliado su propio equipo. "Hemos querido  ser muy rigurosos y por eso hemos contado con la arqueóloga Concha Camps que ha hecho trabajos de campo y de exhaustiva documentación para tener claro cómo intervenir mejor", decían los arquitectos encargados de la intervencón junto a Santiago Tormo.
Con estos trabajos, el castillo recuperará tres murallas que estaban prácticamente destrozadas. Todo ello, tras  5 años de trámites y en un conjunto histórico donde el nuevo centro de visitantes lleva más de un año cerrado por falta de luz y que, como reclama el Consell Valencià de Cultura, sigue pendiente "de una actuación global de consolidación" para la que no hay fecha.

Del cemento blanco a la cal con grava o arena 

La técnica empleada ahora para rehabilitar las murallas dista mucho de la utilizada en las campañas de los años 80 e incluso en la diseñada en 2002 por Manuel Portaceli, el arquitecto que -junto a Giorgio Grassi- ideó la polémica remodelación del Teatro de Romano de Sagunt. Si en las primeras se utilizaba cemento blanco que acusaba las diferencias entre lo antiguo y lo moderno, ahora, los materiales de la intervención, dirigida por Luis Almena y Elisa Moliner, han sido cal hidráulica blanca como aglomerante, mezclada con grava y/o arena diferente, para obtener el color deseado, intentando un tono parecido al original que "de lejos no resultara evidente" sin caer en un mimetismo que impida distinguir de cerca las piezas originales de las nuevas. "Creemos que vale la pena conservar el encanto paisajístico y promover un continuo, no romperlo", explica Elisa Moliner. Este cambio ha hecho desterrar la hormigonera y el vertido sobre encofrados contemporáneos de tablas para apostar por una reconstrucción volumétrica artesanal. Se ha usado técnica de tapial, donde la mezcla de la cal y los áridos o tierra se apisona a mano entre tapieras que siguen la modulación métrica de cada época, determinada en un minucioso trabajo arqueológico previo. Además, mientras en anteriores intervenciones se apreciaban las juntas del hormigonado, ahora se ven las resultantes del módulo de tapiera, pues se ha ido "caja a caja". En estos momentos se ha intentado recrear al máximo lo original, con el convencimiento de las virtudes de la cal para restaurar patrimonio histórico. "Es resistente pero es más compatible con los restos existentes que el cemento a nivel químico y por tanto a este nivel da mejores resultados", decían Almena y Moliner. m. a. sagunt

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