04 de septiembre de 2016
04.09.2016
Cien años

La última tarde de un torero de Catarroja

Antonio Carpio falleció hace un siglo en la plaza de Astorga tras ser corneado por el toro «Aborrecido»

04.09.2016 | 09:35
Una imagen del diestro. Foto: Mundo gráfico.

El 27 de agosto de 1916, cuando entraba a matar a su primer toro de la tarde, el novillero Antonio Carpio moría en la plaza de Astorga tras recibir una cornada de 22 centímetros. Sus amigos de su pueblo natal, Catarroja, lucharon durante siete años para que su cadáver fuera trasladado desde la ciudad leonesa.

Los espectáculos taurinos del programa de las fiestas de Astorga de 1916 contemplaban en su plaza de toros, la celebración de dos actuaciones taurinas: una corrida mixta, con un torero, Torquito, y el novillero Antonio Carpio, el 27 de agosto; y un espectáculo cómico taurino a cargo de Charlot´s, Llapisera y su ´Groom´ al día siguiente.

Antonio Carpio Asins, natural de Catarroja, disfrutaba en España de una temprana leyenda: primogénito de Dolores y Antonio, se empeñó en sacar de la pobreza a sus padres y a sus cuatro hermanos, el más pequeño, su ahijado Rafael, de tres años. Aspiraba su padre a que lo sustituyese en su oficio de carrero, o a que encontrase su futuro en Valencia, como aprendiz en una tienda de telas; a que cursase Magisterio, para lo que con gran esfuerzo le costearon la carrera; llegó a ejercer, por poco tiempo, de maestro elemental en su ciudad. En ninguna de estas ocupaciones veía el joven Carpio su porvenir, sino en los toros: alcanzar la más alta cima como Belmonte, o como Joselito.

Igual que todo maletilla participó en capeas y cerrados, y en la primera corrida en la que fue matador, en Écija, resultó cogido y volteado y sufrió un puntazo en la ingle. Llegaría a la plaza de Astorga con el cúmulo de 26 novilladas y un rosario de volteos y cornadas en las ingles. Era su toreo temerario, con la faja pegada al toro, lo que despertaba la expectación del respetable.

A las cuatro del 27 de agosto estaba la plaza astorgana llena y había gran expectación. Uno de los toros, el primero, que le tocó en suerte a Carpio fue Aborrecido. Se pega a él, como es su costumbre, lo que provoca el delirio del público puesto en pie en el tendido, en una verónica es enganchado por la ingle y lanzado por los aires; no quiere pasar a la enfermería, lo lancea con la muleta, entra a matar señalando un pinchazo, vuelve a entrar a matar y Aborrecido, que se vencía del pitón derecho, se arrancó rápido, lo cogió de lleno y le ocasionó una terrible cornada con el resultado de una herida de 22 cm de extensión y 15 de profundidad y sección de la femoral; le brotó un chorro imparable de sangre. Los dos doctores presentes en la plaza intentan contener en la enfermería la hemorragia y, posteriormente es trasladado al Hospital de San Juan, cercano a la catedral, donde siguen intentando mantenerlo con vida. La cornada se anunciaba mortal. Carpio manifiesta sus últimas voluntades, recibe los Sacramentos y muere a las diez y media, abrazado por el picador José Abad, ´Torero´, con estas palabras: «Me muero, me ahogo? ¡Madre mía! ¡Madre!». Fue amortajado con el hábito de San Francisco; contaba tan solo veintiún años de edad.

En Valencia y Catarroja las peñas taurinas, ante todo la de Carpio, abren una suscripción para sufragar el traslado del cadáver, que su padre pide sea embalsamado, hasta su ciudad natal; solicita también al apoderado, Isidro Amorós, que se dirija inmediatamente a Astorga, para que se haga cargo del diestro y de su traslado a Valencia. Se realizan los trámites y se recibe la autorización por parte del Inspector General de Sanidad, pero al final no será posible. El Mercantil Valenciano (del 30 de agosto) recoge así las causas: «La Peña Carpio recibió ayer mañana un telegrama puesto a las 8:40 en Astorga, por el tío del desgraciado torero, Salvador Cardona, manifestando que por razones de índole secreta no podía ser trasladado el cadáver a Catarroja y que ya daría más detalles a la familia».

Ese día, el 29, Carpio será enterrado en el cementerio astorgano, según disposiciones de su cuadrilla, acordadas con el párroco de la iglesia cercana, Santa Marta, con unas honras fúnebres de tercera categoría; presidió el duelo el alcalde accidental, Antonio García del Otero, y fue acompañado por gran número de astorganos. La causa de la negativa del traslado del cadáver todo indica que fue una denuncia de su cuadrilla por considerar que la enfermería no cumplía los requisitos de la Orden de Gobernación del 7 de junio de 1911. El juez de Astorga, entonces el valenciano Luis Amado (su esposa, otra casualidad, era de Catarroja) concluyó el procedimiento de instrucción sin procesamiento alguno: la cornada, más allá de las carencias, había sido mortal de necesidad. La aspiración de llevar el cadáver para Catarroja no decaerá durante cerca de siete años.

Su apoderado Isidro Amorós y en mayor medida el novillero Rosario Olmos, organizador de una corrida benéfica que se celebró en Valencia el 3 de diciembre de 1922 para recaudar fondos, fueron los artífices de culminar tal pretensión; el primero que saltó al ruedo en aquella lidia fue el creador del toreo cómico, el ya muy famoso Llapisera, que había ofrecido su espectáculo en la plaza astorgana el día siguiente de la muerte de Carpio; asimismo, participaron Barana y los novilleros Martínez «Chaves», Jiménez y el propio Olmos.

El día cinco de mayo de 1923, a las tres de la tarde, ante los padres del torero fue exhumado en el cementerio astorgano el cadáver de su hijo; su madre tuvo el coraje de vestirlo con el traje de luces que llevaba puesto cuando fue cogido por el toro Aborrecido; al día siguiente salieron hacia la ciudad del Turia en el tren Mixto. Llegó a Valencia en un hermoso arcón blanco, y fue paseado por sus calles acompañado de numerosos toreros, periodistas, cuadrillas y círculos taurinos y un gran número de ciudadanos. Después fue conducido a Catarroja, a la casa familiar para el velatorio; al día siguiente, a la iglesia y al cementerio.

Carpio descansa desde entonces en un panteón con su efigie esculpida, con las inscripciones propias y de quienes hicieron posible su vuelta a casa y tan digna sepultura. Su madre, ya anciana, recibirá un homenaje organizado por el Círculo Taurino de Catarroja, que contó en su sede con un cuadro de Carpio vestido de torero, hoy desaparecido (pero visible en algunas fotos conservadas de aquella ocasión); y el ayuntamiento denominará una calle con su nombre.

El joven no llegó a tomar la alternativa, de mano de Joselito, un mes después, el uno de octubre, en la antigua plaza madrileña de Fuente del Berro, como se había contemplado.

* Alcalde de Astorga de 1989 a 2011

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