22 de diciembre de 2017
22.12.2017

"Desde el suelo vi el helicóptero; grité, pero no me escucharon"

Paco Catalá desapareció el lunes por el monte de Higueruelas y fue encontrado el miércoles cerca de Calles - Una fractura de tibia y peroné impidió que pudiera desplazarse para pedir socorro

22.12.2017 | 04:15
"Desde el suelo vi el helicóptero; grité, pero no me escucharon"

Dos días de resistencia a la intemperie al más puro estilo del programa de televisión ´El último superviviente´. Así fue la experiencia de Paco Catalá, desaparecido el pasado lunes en los montes de Higueruelas y encontrado el miércoles cerca de la Fuente del Lapicero, en el término de Calles.

Catalá, de 61 años y exdirector del CEIP Cervantes de València, sufrió una fractura de la tibia y el peroné próxima a l tobillo cuando cruzaba una poza seca en su trayecto de vuelta. Una vez encontrado por uno de los tantos voluntarios que salieron a su búsqueda, fue trasladado en una ambulancia de la Unidad Militar de Emergencias al Hospital de Llíria y de ahí al centro hospitalario 9 de octubre de València. A pesar de la gravedad de la lesión, los médicos decidieron operarlo en unas semanas para que así se reduzca la inflamación y se cure la piel para evitar futuras infecciones.

Una vez en planta y con ánimos tras sobrevivir a una odisea, Paco Catalá atendió a Levante-EMV y explicando cada detalle desde que inició la excursión que acabaría en su desaparición y el posterior rescate. "Estoy mejor pero tengo que decir que sabía donde estaba, hacía la ruta que quería hacer en ese momento", explicó.

"Iba a hacer una excursión circular, había hablado con mi hermano que iba a salir desde la Hoya de Antaño a unos 5 kilómetros de Higueruelas", contó Catalá. Seguidamente subió a una zona con molinos eólicos y cuando bajó continuó la pista entre Casa del Valseco hasta Alcotas, una aldea de Chelva, pero no llegó hasta ella, desviándose por un camino no transitado dispuesto en paralelo a la Cueva del Pato.

"Subí dos kilómetros y calculé que me faltarían unos cuatro para llegar al coche, pero en el punto más alto de la pista la maleza impedía avanzar por lo que regresé sobre mis pasos al camino anterior", rememoró Catalá. Más adelante, el excursionista cruzó el barranco de Alcotas. "Era ancho y empezaron a salir señales de la GR7 –Sendero de Gran Recorrido–. Al kilómetro quería tirar por un camino que había a la derecha, pero como eran cerca de las 17.00 horas y el de antes era intransitable tuve miedo de que se hiciera de noche y decidí continuar por el barranco, porque había hecho esa ruta al revés, aunque tenía que haber seguido por la primera", contó. No obstante, en la ruta encontró un dique y tuvo que seguir por el margen derecho ya que "las señales me indicaban por ahí". Pero este camino fue haciéndose más estrecho hasta topar con unas fosas secas.

"Estaba difícil pero no podía retroceder", recuerda Catalá. Ante esta tesitura, Paco cogió a su perra y en la segunda fosa no pudo agarrarse a nada. Nada más contactó con el suelo se produjo la fractura, mientras que su mascota quedó en la parte superior. Con una altura de 2 metros y medio y siendo las 17.30 horas, Paco Catalá se preparó para pasar la noche. "Me arreglé el suelo que estaba lleno de piedras y me tumbé porque el dolor era insoportable", explicó. Cuando llegó la noche, Paco se tapó con toda la ropa que portaba mientras hacía llamadas a emergencias, sin éxito por la falta de cobertura.

Sin dormir toda la noche

"Estuve contando las horas sin dormir hasta que amaneció", comentó. En ese instante, Catalá sacó su instinto de supervivencia y se puso las zapatillas en las manos y se protegió con los gorros las rodillas para subir y gatear hasta el camino más cercano. "Traté de abrirme camino cortando la maleza con la navaja pero no pude y por el otro camino había otra fosa así que me quedé a cielo descubierto y pensé o me encuentran o me quedo aquí", explicó. "Esa mañana vi pasar al helicóptero, grité pero no me escucharon", continúo.

A Catalá le quedaba medio litro de agua, fruta y frutos secos. "Fui racionando un sorbo por la mañana y otro a la noche, pero tenía mucha sed", rememoró. Por la noche, al oir los gemidos de la perra por el frío pudo localizarla y lanzarle "unas salchichas que llevaba para ella, sufría más por ella porque el frío que hacia era impresionante".

El miércoles sobre las 12.00 horas escuchó ladrar a la perra y Paco Catalá supo que había alguien cercano puesto que "no había ladrado en los dos días, lo había olido. De repente empece a escuchar mi nombre y grité". A partir de ese momento fueron acudiendo diferentes actores del rescate hasta llegar al final feliz del reencuentro con su familia. A pesar de no tener cobertura, Paco llevaba un GPS con conexión satélite.

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