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HEMEROTECA » |
Francesc Arabí, Valencia
Es lo que tiene el éxito, la versión posmoderna del poder, que da clarividencia. José María Aznar López, por ejemplo. Hace trece años, un 28 de febrero en Mestalla, confesaba a la masa: "Sólo soy un hombre honrado con un proyecto para España. No tengo ninguna varita mágica. Lo digo con humildad". Tuvo que tragarse a Pujol, después arrasó en las urnas, puso a España en órbita, envió a los nacionalismos periféricos al carajo, casó a su Anita en El Escorial con un chaval llamado Alejandro y como quien no quiere la cosa un día se vio con las zarpas encima de la mesa de Laura Bush y en la foto de las Azores, el retrato de la convención mundial de los cruzados buenos.
Hoy, Aznar López ya no es aquel cuarentón pedigüeño de gloria. Hoy, José María, el profesor que imparte magisterio en Georgetown, ha escrito la receta para que España deje de ser una potencia en generación de paro y las vacas flacas recuperen el lustre. Y con generosidad patriótica la vende, la receta, a 21 euros encuadernada en tapas duras. España puede salir de la crisis es el título editado por Planeta. Y no son cuatro fichas cosidas con gusanillo, como hizo uno que fue presidente de la Generalitat y ministro y ahora trabaja para una compañía de móviles. La gente sabe distinguir. Y cuando huele a estadista de marca, pregunta quién es el último y se pone en la cola de El Corte Inglés.
Aznar fue ayer un oasis de alegría en pleno calvario Gürtel. A la derecha del presidente (como el título de obispo, se tiene de por vida) se puso Ricardo Costa, el dos del PP; a la izquierda, Juan Cotino, guardián del alma de Camps. El vice portavoz, Vicente Rambla, también se sentó en la mesa de firmas. Una mesa petitoria en la que la tropa más fiel buscaba ánimo en momentos críticos.
Abrió el desfile Ana, de Nuevas Generaciones, que sintetizó su pensamiento con tres palabras: "Es el mejor". El número 2 lo llevaba Vicent, jubilado de Picassent, que iba de parte de su hija. De las primeras en pasar por el besamanos fueron Paloma y Teresa, que son de Madrid y, si esto fuera fútbol, Aznar les habría regalado la zamarra. "Claro que nos conoce. Lo seguimos allá donde va". Han comprado todos sus libros, vinieron a su investidura como doctor honoris causa y lo siguieron en mítines del País Vasco. "¿Lo de Gürtel y los trajes? Una maniobra del PSOE", zanjaron. A última hora pasó por allí cinco minutos Francisco Camps. Y Aznar le firmó su libro. Garabateó una página entera con su roller, otro detalle de sobriedad y austeridad de castellano viejo. Igual le apuntó que en esto de la política hay que ser fondista. Que lo que hoy es un pozo, mañana es un trampolín. Aznar mismo llegó a presidente del PP en el congreso de Sevilla en 1990. Y enseguida le reventó ante el bigote el escándalo Naseiro, con "comisioncitas", solares, notarios, tesoreros y un Vectra 16 válvulas. Con el tiempo, Aznar triunfó, el del Opel prosperó y el único fracasado de esa historia fue el juez.
Que pase el siguiente de la cola. "Se llama Josefina". Al comprar el libro daban el número (en el ecuador del acto llevaban repartidos más de 200) y al llegar al altar, el ayudante chivaba el nombre al autor. "¿Saldremos de esta?". "Si hacen lo que hay que hacer sí, Josefina", aclaró Aznar. Tener a tu disposición un laboratorio de ideas -think tank- como FAES acaba notándose.
Presidente espartano
"¡Visca el millor president que ha hagut!", aventó una. María llamó a Aznar "guapísimo". "Eres el mejor", le dijo a Costa. Quizás con los nervios permutó piropos. Todos, incluidos Rambla y Cotino, dieron las gracias. Era la planta de libros, papelería y rarezas en general, pero parecía la de caballeros. Reme, Luis, Jennifer, Jesús, niños de quita y pon para el retrato..."¿Un café presidente?". "Agua sin gas", respondió espartano como el trazo de las iniciales bordadas en la camisa.
En estas llegó María Luisa Pelayo con cuatro ejemplares, como embajadora de una amiga, de una tía de 82 años y de su madre, Francisca Valero, que tiene 91. "No ha venido porque ya lo vio la otra vez", explicó. Fue cuando firmó Retratos y perfiles, su consagración como escritor tras Cartas a un joven español. "Mi madre no quería morirse sin ver a Aznar", dijo emocionada María Luisa, tras pasar un minuto con el mito. "¡José María, bendito seas!", gritó una señora. Bienaventurados los padres de la patria.
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