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HEMEROTECA » |
La corrupción no le importa a nadie", asegura José Saramago. En eso coincide con distinguidos dirigentes del PP valenciano. Y hasta con el pueblo soberano, a tenor de los resultados electorales. De éstos últimos del 7-J y de los de más allá. La editorial italiana Einaudi, propiedad de Berlusconi, se niega a publicar el último libro del Nobel -unos artículos- por las críticas que contiene al primer ministro italiano. Un demócrata, Berlusconi. Pero gran parte de Italia le vota. No sólo se ha amoldado a la corrupción, sino que armoniza muy bien con ella. El ideal del italiano medio consiste, probablemente, en convertirse en Berlusconi. O en un Berlusconi pequeñito, de andar por casa. Pero, cuidado. La corrupción no sólo es material, es también moral. Lo advierte también Saramago, en un aviso a ciertos moralistas subalternos, vigilantes de corruptelas: deben dirigir la mirada hacia sus conductas. No sólo se instala en la esfera pública, o se nutre, en la privada, de la alteración, en interés propio, de las cosas. Hay mucha corrupción que no sale en los periódicos. En la seducción indecente o deshonesta, en el engaño responsable, en la perversión consciente de las ideas, en la inducción a la mentira. Ésta es igual de gorda que la otra.
Células activas. Ciento quince mil contra veintitrés mil. El uno es un ejército en marcha. El otro se asemeja a un batallón inglés retirándose de Bombay. Son los militantes del PP y del PSPV. El primero, ordenado, movilizado, incrustado en las redes asociativas, con el ánimo que proporciona el calor del poder. El segundo, desfallecido, hambriento de victoria, sediento de la dilecta caricia de la administración (en cualquiera de los estadios de la Administración: menuda, grande, oscura, fría, local, autonómica). Con 115.000 militantes, basta que cada uno se transforme en una célula activa el día en que las urnas se diseminan entre la población, y aporte diez votos, para recolectar un millón de papeletas. Se dice pronto. El PP se ha introducido en el tejido cívico valenciano, en estos últimos 17 años -ha ganado todas las elecciones-, con una fluidez vigorosa. Y con la energía propia de una causa religiosa. Su fortaleza en cada pueblo, en cada círculo asociativo, es enorme. E imparable, según se observa.
El huracán de Madrid. No sólo algunos sectores socialistas de Madrid cuestionan la campaña dirigida por Leire Pajín; también en Blanquerías se escuchan voces críticas. En todo caso, el socialismo valenciano vuelve a estar en el ojo del huracán. Del huracán de Madrid.
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