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HEMEROTECA » |
JORGE FAURÓ
José Bañuls (Benidorm, 1969) ha dejado a los populares sin la mayoría de la que gozan desde 1991, cuando, paradojas de la política, el PP apeó a un socialista de la alcaldía de Benidorm para no abandonarla, con una consecución de mayorías absolutas (Eduardo Zaplana, Vicente Pérez Devesa y Pérez Fenoll) que convirtieron al municipio en la joya de la corona popular y en la génesis del granero de votos del partido en la Comunitat Valenciana. Hasta que estalló la balacera entre campistas y zaplanistas, Benidorm fue el ejemplo de cómo se gobierna con la doctrina PP y cómo es posible desangrar a la oposición.
En Benidorm empezó todo, como todo puede acabar si fragüa un pacto entre el PSPV y el concejal que ha agitado el muro de carga de la simbología popular.
Por las consecuencias de la espantada de la concejala del PSOE que dio la Alcaldía a Zaplana en 1991, los casos de Maruja Sánchez y José Bañuls podrían ser similares, si llegara a presentarse una moción de censura que diera el bastón de mando a un concejal del PSPV o a Bañuls. Pero los motivos andan lejos de ser los mismos. De la noche a la mañana, Maruja Sánchez pasó de ser una bailarina de flamenco que daba clases en su estudio, a manejar un presupuesto ingente para grandes eventos: desde conciertos de Julio Iglesias al pozo sin fondo del Festival de Benidorm o espectáculos taurinos. Por las manos de Maruja pasaba la gestión del dinero. De mucho dinero.
A Bañuls no le hace falta nada de eso ni el PSPV estaría en disposición de dárselo. Las razones de Bañuls las conocemos por lo que ha declarado en la televisión del grupo de comunicación que le ha jaleando contra Pérez Fenoll (que se ha negado a donar a dicho grupo una disparatada cantidad de dinero en publicidad) y las explicaciones que deja caer en los medios. Con independencia del ninguneo al que dice haber sido sometido por el alcalde, Bañuls esgrime sus razones: la adjudicataria del servicio de grúa no hacía bien su trabajo; la recaudación de multas de la zona azul debe revertir en la ciudad; la presión fiscal de Benidorm debe reducirse.
Es, sencillamente, grotesco. Si toda la argumentación es del mismo tenor hay que pensar que desde que José Bañuls se metió en NN GG no ha aprendido nada de la política. El edil ha tenido el mismo peso dentro del PP que cuando entró en la lista: ninguno. No hay bañulistas en el PP. Puede pensarse que los hubo cuando encabezó una lista independiente en los 90 y logró más de 500 votos, pero es muy aventurado atribuirle los más de 800 obtenidos cuando concurrió cuatro años después con el Bloc.
Que no den a Bañuls, la trascendencia que nunca ha tenido. Jamás salió elegido hasta que el PP le metió en su lista. Cuando se presentó bajo el manto popular, hubo quien advirtió que podía ser una candidatura de alto riesgo en un resultado ajustado contra los socialistas.
Está claro que Bañuls no era un hombre de Pérez Fenoll cuando lo presentó a las elecciones, pero sólo al candidato y el partido, debe atribuírsele la responsabilidad de confeccionar una nómina electoral estable. Los argumentos de Bañuls no se sostienen ni con cola de carpintero. La grúa, la zona azul, pero de qué estamos hablando. Su salida de pata de banco no es más que un escalón más en su camino hacia no se sabe dónde. Su escasa importancia como hombre de política es inversamente proporcional a la trascendencia de su escaño. En un signo de debilidad, el alcalde anunció una bajada del IBI a las 48 horas de la espantada de Banyuls.
Tan insólitas se antojan las razones del edil descontento como singulares las que esgrime el PP para explicar que un grupo de comunicación al que el ayuntamiento le ha cerrado el grifo está detrás de la armadura con que Bañuls se enfrentar a sus ex compañeros.
Ni Bañuls es tonto ni ese grupo es Axel Springer. La empresa que edita un diario gratuito en Benidorm, la misma que se vio envuelta en el caso de las facturas del alcalde de Elx (del PSPV), se subió al cohete disparado por el regidor, pero la mecha llevaba tiempo encendida. Y Bañuls está encantado de llevarles de pasajeros si le sirve para justificar su decisión un día tras otro. El discurso del ninguneo ya era anterior a que Prensa y Noticias azuzara al alcalde, al que agasajaba con fotos y titulares diarios.
Más que en Bañuls, el gobierno de Pérez Fenoll debe acentuar la vigilancia en su partido. Los socialistas no van a mover ficha si atisban el menor riesgo de que una moción de censura pueda dañar a la número tres de Ferraz, Leire Pajín, militante en Benidorm. La posibilidad de que el PSPV lograra la alcaldía y acabara en minoría atenaza tanto a la oposición que la prudencia aconseja sentarse a mirar, llegar a acuerdos concretos con el concejal díscolo y analizar oportunidades, no fuera que un fracaso estrepitoso recrudezca la guerra entre José Blanco y su secretaria de Organización.
Y Pérez Fenoll debe reflexionar sobre la reacción que ha tenido su partido, tanto el sector que considera aliado (campsistas) como el que se entiende por adversario (Ripoll, contra quien perdió el pulso por la dirección provincial del PP). Ricardo Costa, ha declarado que lo de Benidorm lo ve "con tranquilidad". Si esa es la posición de quienes están a su lado, el alcalde debe ponerse a temblar. En el lado zaplanista no va a encontrar más solidaridad. La presidenta local del partido, Gema Amor, se lo recordó el viernes: debe haber autocrítica y reflexión sobre el liderazgo del grupo municipal.
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