FRANCESC ARABÍ VALENCIA
El veraneo de la ministra Ulla Schmidt en Dénia nunca habría dejado de ser plácido como una charca de no haber intercedido los cacos. Se supo del uso del coche oficial para el esparcimiento y el asunto mutó en escándalo. La prensa alemana ha agitado el debate sobre la legitimidad de un hábito que Ulla Schmidt practica desde hace 8 años. Legal, parece que es. En el Ayuntamiento de Valencia también. Los 33 concejales disfrutan desde hace 10 años de coche oficial, con escolta. Este privilegio no se pierde ni siquiera cuando los ediles están oficialmente ausentes.
Cuando se viaja al extranjero, eso sí, se comunica al consistorio, a efectos de que se puedan establecer los turnos de libranzas y vacaciones de los policías locales que escudan a los ediles. Pero los días vacacionales en los que el cargo público permanece en Valencia y aledaños el coche sigue a disposición y no son pocos los que echan mano del servicio de taxi personalizado para acudir a citas culturales, festivas y lúdicas en general. Así sea un concierto en el Palau de la Música o una actuación en Viveros. Tampoco se pierde el derecho a la firma en los 40 restaurantes que el ayuntamiento tiene conveniados para nutrir a los 33 ciudadanos encargados de velar por el interés general. Ni el derecho a móvil. El celular sí acompaña normalmente al edil en sus viajes al extranjero. El servicio de roaming (que permite mantener la línea con normalidad pese a la itinerancia) lo gestiona el consistorio cuando procede. Se evita así encarecer las llamadas. Todo un detalle.