La conselleria de Gobernación de Serafín Castellano ha denegado -por tercer año consecutivo- el permiso para la suelta de patos en las fiestas de Sagunto. La prohibición la justifica por "el tratamiento antinatural que se da a los animales" y posee el aval del TSJCV. Las asociaciones de protección de los animales se han desgañitado condenando una práctica que "autoriza" el maltrato animal en nombre de una tradición supernumeraria y pasajera. El concejal del ayuntamiento dedicado a estos menesteres apela a la sacrosanta tradición para consentir la "fiesta": recurrirá la orden debido al "arraigo" del rito. La repetición de un acto, sin embargo, no caracteriza ninguna tradición secular, ni una costumbre antigua posee carta de naturaleza en sí misma. Depende del objetivo y del procedimiento: mientras no conculque leyes y derechos o refute las tendencias sociales incrustadas en el ordenamiento. El toro de Coria o las cabras despeñadas desde un campanario extremeño son pura barbarie. Quizás, en otras épocas, remozadas en otros valores -sin el desarrollo científico y los conocimientos actuales-, ese tipo de "ajusticiamiento" dedicado al desahogo festivo no se manifestara como una excrecencia del embrutecimiento. Hoy sí. También en el modo de producción esclavista -y perdonen la expresión- a determinados "ciudadanos" se les lanzaba a la arena contra los leones bajo las risotadas de los "aficionados" que abarrotaban las gradas, al igual que las piras de la Inquisición en el medioevo abrasaban carne humana mientras el "pueblo" tomaba asiento a su alrededor enredado en su cotilleos. Excepto algunas sociedades "medievales", que aún persisten, el mundo actual se horrorizaría ante esas demostraciones. Las "tradiciones" son pasajeras, como lo es el paisaje y la biología que nos dota de vida. Ampararse en la tradición para el "divertimento" a costa del sufrimiento del "otro" -sea el "otro" animal racional o irracional- es rechazable, y las leyes, cada vez con más insistencia, acotan esos cuadros de representación atávica con vitola de ritos venerables. No lo son, desde luego. Y habría que extender el "regocijo" a otras "tradiciones" eventuales que nadie objeta de esa mal llamada "cultura popular" (subproducto excelso de la sociología gramsciana) que tanto daño han inflingido, desde la izquierda, a la civilidad ilustrada y culta. Nadie las ataca, digo, porque poseen mucha clientela electoral. Me refiero a los "bous al carrer", donde se martiriza a los animales con permiso de la autoridad gubernativa y autonómica. Por no hablar de la tauromaquia mercantil: sangre y arena, sufrimiento y jolgorio, Torquemada, la Niña de los Peines y Agustina de Aragón. "Vivan las caenas".