C. LAMAGRANDE VALENCIA
La religión musulmana se sostiene sobre cinco pilares: el testimonio de fe, la oración, el ayuno, la contribución social o limosna y, finalmente, la peregrinación a la Meca. Pero, sin duda, el ayuno es una de las muestras de fe más complejas por las que deben pasar todos los musulmanes.
Todos los musulmanes son llamados al ayuno excepto los niños, los ancianos, los enfermos, las mujeres con la menstruación, embarazadas o con bebés lactantes y todos aquellos que por determinados motivos no puedan realizarlo. No obstante, el Islam reconoce las dificultades y es flexible. En el caso de que no se pueda realizar el ayuno, debe alimentarse a una persona que lo necesite por cada día de ayuno perdido y, en los casos en los que se haya restaurado el impedimento, deberán recuperarse los días de ayuno perdidos.
Los fundamentos del ayuno en el Ramadán parten de valores espirituales. La abstinencia no se reduce a la prohibición de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales durante las horas de sol; el ayuno implica conocer mejor el valor de los alimentos, la carencia de ellos o la renuncia a los placeres mundanos.