LEVANTE-EMV VALENCIA
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El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, ha zanjado su "annus horribilis" con un sutil golpe de timón, con su peculiar estilo de mover peones para dar una "segunda oportunidad" antes de mover el banquillo. Acosado durante meses por el Caso Gürtel, la crisis y la falta de financiación que han lastrado el impulso político del Consell, el curso se ha iniciado con una remodelación endogámica del ejecutivo valenciano en la que Camps y su "círculo de confianza" retoman las riendas, aunque parezca una perogrullada.
La clave de este cambio de rumbo es la desaparición de la Conselleria de Presidencia hasta ahora dirigida por el vicepresidente Vicente Rambla, de quien se ha asegurado que salía reforzado de la remodelación, al asumir las competencias de Belén Juste (Industria, Comercio e Innovación), aunque perdía la condición de portavoz. El quid de la cuestión se reveló ayer con la publicación extraordinario en el Diari Oficial de la Comunitat Valenciana (DOCV) de la distribución de responsabilidades de las consellerias.
En ellas, las nuevas competencias del vicepresidente primero, Vicente Rambla, se apartan de los focos mediáticos y sólo mantiene las tareas más grises -u oscuras- de la extinta Conselleria de Presidencia: relaciones con las Corts, secretariado del Consell, la abogacía de la Generalitat y la coordinación entre departamentos. El "meollo" de Presidencia como la portavocía y la secretaria autonómica de Cohesión Territorial, Relaciones con el Estado y con la Unión Europea, "saltan" al departamento que dirige Paula Sánchez de León que será el que más secretarías autonómicas tenga (tres en total). Y hasta la Sociedad Proyectos Temáticos de la Comunitat Valenciana (Sptcv) ha pasado de la órbita de Rambla a la del vicepresidente de Economía, Gerardo Camps, quien mantiene las competencias en fomento del Empleo a pesar de que el jefe del Consell anunció el jueves que Vicente Rambla "coordinaría las políticas de creación de empleo".
También está por ver si el vicepresidente primero elude trasladarse a la sede de Industria en la calle Colón y prefiere mantenerse físicamente en el entorno del Palau de la Generalitat (la sede de la desaparecida Conselleria de Presidencia estaba en Palau de los Català de Valeriola, ubicado en la Plaza de Nules). ¿Dos sedes en época de crisis? Las reticencias de Rambla a abandonar este palacete del siglo XV responden a que sabe perfectamente que, cualquier presencia física más allá de un imaginario círculo concéntrico de cien metros alrededor del Palau queda fuera del cogollo del poder.
Un poder cuya fontanería vuelve a controlar la jefa de Gabinete de Francisco Camps, Ana Michavila, "que es la que manda, junto a sus amazonas", según un político del PP. Y es que Presidencia de la Generalitat se ha convertido en una cantera de oro casi tan efectiva como dicen que es la del Barça.
Desde 2003, Camps, por influencia de Michavila, no ha cesado de destinar a antiguas asesoras en puestos clave de la administración. La penúltima fue Cristina Morató Sesé. Una licenciada en derecho alicantina que desde 2006 era la número dos de Ana Michavila y que fue destinada el pasado 30 de julio a la dirección general de Grandes Proyectos, como una manera de incrementar el control de Presidencia sobre un área lastrada por los problemas económicos.
La marcha de Morató ha permitido a Michavila colocar como su número dos a Henar Molinero, cercana al Opus Dei. Molinero fue secretaria general de la Fundación para el Encuentro de las Familias y directora del Departamento de Actos y Eventos Externos del Palau de les Arts.
La nueva consellera Paula Sánchez de León también ha surgido de la cantera de Presidencia, donde llegó como asesora en 2003. Sobre ella caerán a partir de ahora los focos y grabadoras de los medios de comunicación que, aunque puede llegar a ser "agobiante" supone un tentador puesto de proyección política. Una pieza más que el sector cristiano del PP gana en el tablero del Consell. También Juan Cotino ha salido reforzado al asumir la conselleria que dejó el fallecido García Antón. Un avance evidente que se resume en la gráfica frase con la que un conseller definía la última remodelación de Camps: "Gana Cotino y pierde Rambla".