V. R. VALENCIA
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En su discurso ente 2.000 asistentes en la cena mitin de inicio de curso en la Plaza de Toros del 4 de septiembre, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, no tuvo reparos en acusar al Gobierno central de generar una "epidemia de miedo" con la gripe A. Fue la única de los intervinientes en utilizar la enfermedad para tratar de desgastar al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. Ni Mariano Rajoy ni Francisco Camps hicieron lo mismo. Barberá no sabía que Camps y la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, han contactado con Génova para pedir que la gripe A no se introduzca en la agenda de la batalla política entre los dos grandes partidos. La razón es sencilla. Cuando los contagios se multipliquen serán los sistemas de salud autonómicos los que tengan que afrontar el aluvión de pacientes y ciudadanos. El colapso en urgencias, que ya se produce habitualmente con la gripe común, puede elevarse exponencialmente. Camps no quiere que esta situación sirva de arma a la oposición. Ayer arrancó un acuerdo con Trinidad Jiménez para que el PSOE traslade a los responsables de la oposición, en el caso valenciano Jorge Alarte en el PSPV, que no traten de rentabilizar políticamente una probable situación amontonamiento de enfermos en urgencias y en los hospitales públicos.