F. ARABÍ/EFE VALENCIA/BENIDORM
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A esas grandes citas en las que se sortea la gloria o la miseria a cara o cruz conviene acudir con los nervios templados y el cerebro oxigenado. Concentrarse en un hotel es la clásica fórmula elegida por los equipos deportivos de alta competición. Para hacer piña, mentalizarse y aislarse del entorno. El método lo han adoptado los doce concejales socialistas de Benidorm y el tránsfuga del PP José Bañuls, que ayer explicaron su decisión de citarse el domingo en un hotel de la ciudad y permanecer hospedados al menos 24 horas y puede que hasta el martes. A las doce de la mañana del 22, partirán hacia el salón de plenos. El portavoz socialista, Agustín Navarro, avanzó ayer que aprovecharán el encierro para ir atando cabos del futuro gobierno y repartir funciones o decidir las primeras medidas que adoptarán cuando cojan la vara de mando.
La medida de aislamiento, algo así como ponerse en cuarentena política, evoca el exilio que hace 18 años protagonizó Maruja Sánchez, quien estuvo ocho días, con sus noches, desaparecida del reino de los vivos. Resucitó justo a tiempo de votar la moción de censura que convirtió a Eduardo Zaplana en alcalde el 22 de noviembre de 1991.
En Callosa d'En Sarrià
Con el tiempo se supo que Maruja no había pernoctado muy lejos de Benidorm; que estuvo refugiada en Callosa d'En Sarrià, en el chalé de Mari Carmen Espasa, la esposa de Francisco Damián Giménez Fuster. La cobertura logística que éste le dio a la tránsfuga -negada años más tarde por el protagonista- le valieron un puesto de asesor municipal. A la esposa, también la colocaron en Benidorm. El marujazo no sólo fue trampolín para la carrera del joven yerno de Miguel Barceló y del matrimonio de bailarines formado por Maruja y Pedro Martínez, también significó el despegue de Espasa y Giménez Fuster. Atrás quedó el currículum de este último con varios trabajos en la Caja Rural Cooperativa de Callosa, municipio productor de nísperos. Aunque no fue esa ocupación la que cambió su vida. Su experiencia como dueño del videoclub América -de ahí su alias de Paco América-fue clave para consolidar un segundo ascenso. Cuando Zaplana llegó a presidente, Paco América se convirtió en jefe de gabinete de Vicente Tamarit, primer director de Canal 9 con el PP en el poder. Ahí estuvo un tiempo con un sueldo de 7,1 millones de pesetas de los de 1995. Tanto o más de lo que Paco Playas -su segundo apodo- sacaba por gestionar una concesión de hamacas en Benidorm.
Cuando fue relevado en ese puesto, ocupó una plaza creada a la carta: coordinador de delegaciones de Canal 9. Era una misión tan secreta y discreta que nadie lo veía, ni por las delegaciones, ni en Burjassot. Pero la nómina le llegaba todos los meses. Este diario destapó el escándalo y lo destituyeron. Entonces montó Teleproducciones Mediterráneo. Y pasó de asalariado a empresario, para demostrar la vigencia del sueño americano.