M. DUCAJÚ VALENCIA
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La pauta general en muchos centros educativos valencianos es la de "falta de espacio vital y la masificación" según aseguró ayer la presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Valencia y Provincia (FAPA), Gemma Piqué, durante su balance del inicio del nuevo curso escolar no universitario en el que suspendió a la Conselleria de Educación.
"La Conselleria de Educación dice que no pondrá más barracones a costa de masificar y utilizar las unidades multiusos para habilitar aulas, cuando realmente están quitando espacio común" se quejó Gemma Piqué, quien reivindicó la eliminación de las aulas prefabricadas "crónicas" así como la rápida construcción de centros. Así, cuestionó la autorización del incremento de ratios, que en algunos colegios supera los 20 alumnos para aulas de niños de 3 años.
Por niveles, desde esta organización rechazaron el recorte de las ayudas a la escolarización en Infantil de 0 a 3 años y reclamaron una red de centros públicos. El bono, "tan publicitado por el conseller de Educación no cubre los gastos que los padres deben afrontar para educar a sus hijos como ocurrió con el bono libro de la desilusión" lamento la portavoz de estos padres, quien anunció que están recogiendo firmas para exigir la construcción de escuelas públicas para estos niños.
Piqué añadió que Educación "no cubre ni siquiera lo mínimo" como son las vacantes del profesorado. Hasta siete colegios le han notificado por el momento que han comenzado las clases sin que se hayan cubierto las vacantes o, como el instituto Rascanya de Valencia donde no se ha podido matricular por falta de administrativos, indicó.
Además, criticó que el programa de educación trilingüe "deje de lado" el castellano y el valenciano con lo que "no se garantiza que dominen nuestro idioma".
En Primaria destacó la "masificación" y que "se gaste el dinero en implantar uniformes en 60 centros sin consenso cuando no hay presupuesto para otras cosas mucho más necesarias".
En la Educación Secundaria se refirió a la falta de comedores, lo que obliga a los estudiantes en las comarcaras que deben recorrer muchos kilómetros a "comer a hora intempestivas y no favorece la socialización", así como no debatir las jornadas continúas. Y reivindicó un debate ante los altos índices de fracaso escolar, rozando el 40% del alumnado.