PACO CERDÀ VALENCIA
?A Miguel López Lainez le brillan los ojos nada más imaginárselo: un superior imponiéndole en la pechera la medalla blanca al mérito policial. Pero de momento, la ilusión se queda sólo en eso. Ha estado tres veces nominado para la condecoración -la última el año pasado- y siempre se ha quedado a las puertas. Este año, después de jubilarse el 9 de julio a los 52 años, presentó él mismo la propuesta para su ingreso en la Orden del Mérito Policial. Esa medalla blanca por la que tanto está luchando Miguel la poseen entre otros los actores de El Comisario y Policías, así como cientos de empresarios como Esther Koplowitz y los presidentes de Iberdrola y La Caixa. "No reporta dinero, sólo es un reconocimiento de los tuyos al trabajo prestado. Pero eso sería lo máximo para mí", afirma el ex agente.
Nacido en Huelva, Miguel pasó por la academia policial de Badajoz y las comisarías de Vallecas y Girona antes de recalar en 1981 en su primer destino largo: Ciudad Real. Desde aquella 22ª compañía, el agente López Lainez participó clandestinamente en la fundación del Sindicato Unificado de Policía (SUP). Él sospecha que aquello le marcó para futuras condecoraciones. "Haber ido en contra de los militares desde un sindicalismo fuerte marca", apunta.
De aquella década en Ciudad Real acumula Miguel algunos de sus más destacados servicios: la detención de dos etarras en San Sebastián y el arresto de cinco individuos con una pistola en la playa alicantina del Postiguet. En 1992 lo trasladaron a Valencia y enseguida fue encuadrado en el Grupo de Motos, "la élite de la calle, los primeros que llegan tras un atraco o una llamada del 091", apostilla con orgullo. En diez años detuvo a más de 400 personas y acometió una misión especialmente relevante: "limpiamos de drogatas el cauce del río", sostiene. En Valencia también participó en la detención de dos individuos con 1.002 pastillas de éxtasis y a cuatro kosovares con una radial, cuerdas, transmisores y otros útiles para el robo.
En el año 2002 fue trasladado a la comisaría de Ruzafa, donde pasó a ser policía de investigación. En su currículum destaca la investigación que en 2005 logró detener a un matrimonio por quemar viva a una joven que después falleció en el hospital Clínico de Valencia.
Pero ni esto ni las 28 felicitaciones públicas que lucen en su expediente han bastado para que a López le impongan la medalla blanca al mérito policial. Tampoco han sido suficiente las dos cartas de recomendación de sindicatos. En la del SUP, de 1988, ya halagaban su "conducta inusual, por lo relevante", que le llevó a practicar detenciones incluso "en sus horas libres". Lo que evidenciaba "la iniciativa y entrega al servicio más allá de la normalmente exigible", como reseña otra carta de recomendación del Sindicato Nacional de Policía fechada en 1990.
"Yo sólo pido -añade Miguel-que le den la medalla a quien se la merezca. Porque es injusto que la policía condecore a secretarias, empresarios y actores, y que los agentes que nos hemos dejado la vida en la calle no tengamos la medalla", opina. Más todavía, agrega, cuando el final de su carrera policial estuvo motivado por un infarto isquémico sufrido el 12 de marzo de 2008 en acto de servicio.
López sabe que este año no ha sido preseleccionado, por lo que tampoco sonará su nombre en la entrega del próximo 2 de octubre. Sin embargo, no va a cansarse de intentarlo. Él sigue llevando la placa de policía en el bolsillo -con la plabra "Jubilado"- y no duda en entregar su tarjeta de visita: "Comisaría Distrito Ruzafa. Grupo de Investigación: Sr. Lainez".