J. A. MUNERA BENIDORM
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Diecisiete años y 10 meses después, Benidorm vuelve a tener un alcalde no elegido por el pueblo. En un pleno municipal desbordado por la tensión y la expectación, los 12 concejales ex socialistas y el tránsfuga José Bañuls hicieron prosperar la moción de censura para desalojar de la Alcaldía al popular Manuel Pérez Fenoll y convertir en primer edil al que fuera portavoz del PSPV-PSOE Agustín Navarro. Más de 700 personas se dieron cita en el Ayuntamiento para asistir a una sesión plenaria de 45 minutos en la que se dejó sentir especialmente la presencia en el vestíbulo del consistorio de las bases socialistas de la Marina Baixa, que aclamaron constantemente a Navarro y acallaron las escasas protestas de partidarios del PP. Consumado el relevo al frente del primer municipio turístico de la Comunidad, el flamante alcalde anunció un "nuevo tiempo" de "fin al desgobierno", mientras que Fenoll lamentó la "vulneración" de la mayoría absoluta y la voluntad popular de Benidorm. Más de una veintena de policías y un centenar de periodistas siguieron pleno municipal, que se desarrolló sin incidente alguno pese a la fuerte tensión vivida.
Apenas tres meses han bastado para que cristalice la operación que comenzó a fraguarse cuando Bañuls abandonó el PP el 24 de junio. Eran las 12.48 de ayer cuando los ex ediles del PSOE, consumaron su "vendetta" por la moción de censura de 1991. Si en aquella ocasión fue la tránsfuga Maruja Sánchez la que hizo alcalde a Zaplana, el protagonista ahora es Bañuls. "Se abre un nuevo tiempo de trabajo colectivo, transparencia y respeto a la ciudadanía", se comprometió Navarro. Minutos después, y ante la Constitución, prometía el cargo en valenciano y era investido alcalde. En sus primeras declaraciones, Navarro anunció que mantendrán el nombre de grupo socialista, porque, aclaró, aunque han tenido que renunciar al carné lo llevan en "el corazón".
La breve ceremonia protocolaria puso fin a una sesión que se desarrolló entre gritos de "¡Agustín!, ¡Agustín!" por parte de los partidarios de la moción congregados en el vestíbulo y que se inició con un agrio debate sobre los turnos de intervención. Tras 10 minutos de discusión, el secretario dio lectura a la moción y se abrió el turno de intervenciones. En ese momento, los 70 invitados ya ocupaban sus asientos en el salón de plenos, mientras que más de 300 personas seguían la sesión desde el vestíbulo y otras 200 abarrotaban el salón de actos. La mayoría de simpatizantes socialistas era notoria frente a los partidarios del PP, representados por históricos como Julio de España y Paco Murcia y también por la dirección provincial con la secretaria y alcaldesa de Orihuela, Mónica Lorente, y el secretario de Organización, Carlos Mazón. Los gritos de los socialistas a favor de Navarro también llevaban implícita una reprobación a su secretario general, Jorge Alarte, contrario d a la moción de censura.
Seriedad en los rostros
En el salón de plenos, la seriedad y los rostros de circunstancias eran la nota dominante. El primero en hacer uso de la palabra fue Navarro, que desgranó sus dos grandes compromisos desde la Alcaldía: contar con todos y llegar a acuerdos con la oposición.
Por momentos, el bullicio exterior daba una tregua pero, de nuevo, volvía el clamor. "¡Agustín!, ¡Agustín!". El siguiente en tomar la palabra fue Pérez Fenoll, que pareció acusar la decepción y ofreció un discurso de agradecimientos y reproches en tono bajo y circunspecto. "Hoy es un día muy triste para la democracia", aseguró el alcalde saliente, "y ningún demócrata entenderá el paso que dan los 13 miembros de la oposición que nadie sabe bien a quién representan". Criticó a los que "verán colmadas sus ansias de poder", en alusión a Navarro y Bañuls, y vaticinó que "el pueblo de Benidorm volverá a poner las cosas en su sitio".
A continuación intervino por el grupo de ex socialistas el concejal Jaume Llinares, en lugar de la portavoz adjunta Maite Iraola, que intentó pasar lo más inadvertida posible. Los aplausos de sus partidarios llegaron al final cuando Llinares destacó que con el relevo de Fenoll también se destituía a Maruja Sánchez. Por último, el portavoz del PP, Antonio Pérez, recordó a Navarro que los ciudadanos de Benidorm "siempre le han dicho "no" en las urnas" antes de pedir "un minuto de silencio por la defunción de la democracia" que los 12 ediles populares guardaron de pie a duras penas porque la presidenta de la Mesa rápidamente ordenó la votación en voz alta y por orden alfabético. El tercero en dar el "sí" fue Bañuls y, así, hasta el resultado final: 13 síes y 12 noes. La venganza contra Zaplana estaba consumada en la persona de Fenoll. Navarro y Bañuls se fundieron en un abrazo y el vestíbulo estalló en un nuevo coro: "Ista, ista, ista, Benidorm es socialista".
Acabado el pleno, la tensión fue a más cuando todos los ediles del PP salieron escoltados por la Policía entre las decenas de simpatizantes socialistas, que les coreaban cánticos de "¡fuera!, ¡fuera!" y "¡que vote maruja!". Y mientras los populares se lamían sus heridas en la calle con alguna lágrima por medio, Navarro compareció ante sus seguidores en el vestíbulo, instantes después de comparecer la también aclamada Maite Iraola, madre de Leire Pajín. "Llevamos mucho tiempo esperando poder gobernar y lo haremos de manera legítima", destacó el ya alcalde.
El Ayuntamiento de Benidorm se convirtió ayer en una manifestación ciudadana de partidarios y detractores de la moción de censura. Mucha era la expectación y muchos los que no se lo querían perder. Más de setecientas personas -vecinos, turistas nacionales e incluso extranjeros sorprendidos por lo que estaban viendo- coparon el salón de actos, el vestíbulo y la puerta del ayuntamiento para seguir un pleno "histórico" . Y en la calle, como en el debate, los socialistas ganaron también.
Las doce del mediodía era la hora fijada para el inicio de la sesión, pero mucho antes ya había gente haciendo cola. Los primeros en llegar, simpatizantes de uno y otro bando, fueron enfilados al interior del consistorio y, fuera, sólo los periodistas franqueaban la entrada. La amenaza de lluvia y la falta de público hasta pasadas las diez y media presagiaban que la mañana podía ser tranquila, pero éste sólo fue un espejismo. Con la plaza del Ayuntamiento copada de público comenzó la tensión. Una vecina con una camiseta con el lema "Bañuls, devuélveme mi voto" fue la chispa que levantó las primeras disonancias. "Que me devuelvan a mí el de Maruja de hace veinte años", le espetó inmediatamente una simpatizante socialista, a la que después se unieron varios más para defender al ex concejal del PP. El chaparrón -textual y metafóricamente- no había hecho más que empezar.
Con la lluvia, el ambiente se trasladó al hall del consistorio, donde la tensión volvió a reavivarse con la entrada de los concejales, aunque en ningún momento llegó a ser necesaria la intervención de los veinticinco policías locales que formaban el dispositivo de seguridad. r.pagésbenidorm