I.C. VALENCIA
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Fernando Yago, de 25 años, y Javier Gómez, de 24, aseguran que "han vuelto a nacer" después de que un rayo cayera junto a ellos, durante las tormentas del pasado jueves, cuando intentaban refugiarse bajo el puente del Real de Valencia, en el antiguo cauce del río Túria. "Hemos tenido mucha suerte, cayó a tres metros de nosotros", reconocía Javier. "Poca gente sobrevive a un accidente así", apuntó Fernando consciente de lo afortunados que son por hoy poder contar su experiencia.
Eran las siete de la tarde del día 17 de septiembre cuando una enorme tromba de agua sorprendió a los dos muchachos que en ese momento iban en bicicleta por el cauce del río. Ambos, vecinos de Yecla (Murcia), habían salido a con unos amigos a conocer la zona del Carmen de Valencia. "Vimos varios relámpagos y pensamos que lo mejor era regresar al piso", explicaba Javier.
Sin embargo, a la altura del puente del Real de Valencia, un fuerte rayo cayó a escasos metros de ellos dejándolos paralizados. "Explotó a nuestro lado, retumbó el suelo, no sabíamos qué había ocurrido", relataba Fernando. El rayo quebró un árbol por la mitad y dejó paralizadosa los dos jóvenes, según explicaron. "Al principio nos quedamos un poco bloqueados", reconoce Javier. "Me tiré de la bici, no me podía mover", prosigue Fernando. "Estaba sentado en el suelo, tiritando" confiesa el joven. "Fue un estallido muy fuerte, como una bomba", explica a la vez que añade que sentían un pitido ensordecedor en el oído.
"Si hubiéramos ido andando nos habría matado", afirma Fernando argumentando que, al parecer, fue el caucho de la rueda de la bicicleta lo que les salvó de recibir una descarga. "Estamos vivos de milagro", confiesa Javier.
Una patrulla de la unidad de Goes de la Policía Local de Valencia socorrió a los dos jóvenes y una ambulancia del Soporte Vital Básico trasladó a los dos muchachos al hospital Clínico de Valencia. Tras una exploración médica ambos fueron dados de alta .
Días después del susto, los dos jóvenes reconocen que todo ha quedado en una aventura que contarán a sus amigos en los días de tormenta. Eso sí, alguien aprovechó su odisea para robarles una de las dos bicicletas en las que iban ese día.