JOSÉ SIERRA VALENCIA
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La desidia de las administraciones está provocando un nuevo episodio de mortandad masiva de peces en La Albufera, donde sus aguas, pese a que han sido renovadas por las últimas lluvias y aportes de los barrancos, se encuentran en estado de descomposición como consecuencia de la putrefacción de la paja del arroz que nadie quema - está prohibido- ni retira.
La Conselleria de Medio Ambiente anunciaba el miércoles el enésimo plan para la eliminación controlada de la paja de arroz después del fracaso sistemático de todos los anteriores.
El agua acumulada ayer en los campos de arroz en los que no se ha quemado ni retirado la paja tenía ya un intenso color ocre fruto de la descomposición y fluía hacia las acequias y el propio lago de La Albufera, provocando las primeras mortandades de peces.
En algunas zonas próximas al Mareny de Barraquetes era posible ver muchos ejemplares de llisa y otras especies piscícolas agonizando en la superficie del agua faltas de oxígeno. Los parajes más afectados en este inicio de la mortandad fueron los de las acequias de Lloma y Calderería, aunque, en general, todos los brazales y acequias situados al este de Sueca en dirección Este-Las Palmeras- se encontraban muy afectados.
El proceso de descomposición se inicia en los campos recién segados donde se deja la paja, que se pudre por el calor y la humedad, generando un líquido con una elevada demanda de oxígeno que acaba por consumir el de las aguas libres en acequias y el lago. El proceso, además de generar un olor muy molesto, provoca elevadas emisiones de metano a la atmósfera.
Dichas emisiones son uno de los principales responsables del efecto invernadero y del calentamiento global del Planeta, de modo que en el resultado de confrontar el daño que quemar la paja emitiendo CO2 o la opción de dejar que se pudra podría ser muy bien el de "empate" en términos medioambientales negativos. Otra cosa es la distinta percepción de las soluciones que existe entre los vecinos de Valencia capital, a quienes el humo molesta sobremanera.
José Pascual Fortes, presidente del Sindicato de Riegos de Sueca, donde se concentra la mayor producción de arroz del entorno del lago aseguró ayer que desde hace años "tritura la paja" y la "envuelve" en el terreno con los tractores. Admite que se libera metano pero evita, dice, las mortandades de los últimos años.
José Pascual se muestra partidario de modificar el Plan Rector de Uso y Gestión de la Albufera (PRUG) y la normativa europea que prohíbe quemar la paja y ofrecer fangueos y "quemas controladas" evitando los fines de semana y las horas y días en los que el aire lleva el humo hacia las zonas habitadas.
Por otra parte, fuentes de la Confederación Hidrográfica del Júcar dijeron que la calidad de las aguas del lago es "perfecta" tras las últimas aportaciones y que aunque fuera posible aportar agua limpia como hicieron el año pasado-20 hectómetros cúbicos- terminaría pudriéndose también. Expertos de este organismo recuerdan que la paja contribuye también al aterramiento del lago.
Según diversos estudios, el coste de retirar 50.000 toneladas de paja de arroz sería de unos 5 millones de euros frente a los 20 millones que se reciben en ayudas europeas por no quemar este residuo.