M. VÁZQUEZ VALENCIA
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El Consulado de Honduras en Valencia está completamente saturado. Y no es de extrañar: ahora mismo es la única entidad diplomática que atiende a los hondureños en toda España y casi en buena parte de Europa. De hecho, la cónsul , Míriam Carrasco, recibe incluso llamadas de compatriotas afincados en Portugal, Reino Unido y otros países del viejo continente. Y lo peor es que no puede hacer absolutamente nada por ellos: hace mes y medio se quedó sin sellos oficiales con los que visar la renovación de documentos tan imprescindibles como pasaportes o certificados matrimoniales.
La razón no es otra que la actual situación de bicefalia que se vive en el país centroamericano tras el golpe de estado del pasado junio y que se reproduce a la perfección en su cuerpo diplomático, lo que, a la postre, genera una caótica inactividad en las embajadas y consulados hondureños. "Micheletti manda dentro de Honduras -explica Alba Reyes, residente desde hace varios años en la Comunitat Valenciana-, pero Zelaya sigue siendo el presidente en el resto del mundo".
Y eso genera una absoluta incomunicación entre el actual gobierno y sus representantes internacionales, aún fieles al anterior presidente. "Desde Honduras no envían material oficial para renovar la documentación" de los nativos que viven fuera del país "y tampoco parece que vayan a hacerlo en breve. Nadie nos suministra y, como mínimo, van a seguir sin hacerlo durante bastante tiempo más", explica el cónsul en Huelva, Rafael Díaz, quien también se quedó sin timbres hace ya meses.
¿Los principales afectados? Los hondureños asentados en el extranjero, que necesitan sin falta tener su documentación en regla si no quieren verse en un serio problema en su actual país de residencia. "Es un caos -describe Díaz-. La gente está desesperada por renovar sus papeles y no encuentra quien pueda hacerlo. Llaman a una embajada y a otra, van de un consulado a otro, pero no dan con nadie".
Neutral por un cargo honorífico
Míriam Carrasco, sin embargo, siempre está disponible, lo que la ha convertido en el faro de los 2.000 hondureños que viven en la provincia de Valencia y en los miles de compatriotas repartidos por España y buena parte de Europa. Y es que la cónsul no pertenece al cuerpo diplomático profesional, sino que ostenta un cargo honorario, lo que la deja en una posición neutral, alejada tanto de Zelaya como de Micheletti.
Por eso precisamente, por tratarse de un puesto de honor, la cónsul no goza de unas instalaciones oficiales, sino que mantiene la oficina diplomática en su casa, en el barrio de Algirós de Valencia. "La llaman por teléfono y, claro, siempre está -aclara el responsable hondureño en Huelva-, algo que no es muy común en el resto de embajadas o consulados". Este periódico intentó ayer, de hecho, contactar con las diferentes sedes del gobierno hondureño en España sin recibir respuesta en ninguna de ellas a excepción de Huelva. "Además", destaca Díaz, "Míriam es una mujer muy activa y efectiva al 100%. Se preocupa y, al final, todo el mundo acaba recurriendo a ella como a una tabla de salvación".
Pero, por muchas llamadas y visitas que reciba la cónsul de Honduras en Valencia, la mujer está atada de pies y manos: como los demás, tampoco tiene nada con qué sellar la renovación de documentos -los timbres se agotaron hace mes y medio-. Al menos, descuelga el teléfono y escucha. Un desahogo para sus compatriotas.