Aunque pocos han oído hablar de ella, la esquitosomiasis es la segunda enfermedad con más afectados de la Tierra, por detrás de la malaria. Uno de sus mayores expertos, David Rollinson, aprovechó ayer su paso por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Valencia para concienciar a la sociedad.
¿Cómo puede haber 200 millones de afectados de esquitosomiasis en 75 países y que nadie conozca esta enfermedad?
¡Eso mismo me sorprende a mí! ¿Cómo puede existir una enfermedad que afecta a tanta gente y que sepamos tan poco de ella? Pero buena parte de culpa se esconde en que la gran mayoría de afectados se halla en las zonas rurales del África subsahariana, un continente olvidado y que nos queda muy lejos.
¿Cómo se contrae?
Se contrae especialmente en zonas rurales que no disponen de la higiene y la sanidad mínimamente exigibles. Los más infectados son los niños, que contraen la esquitosomiasis por contacto directo con agua dulce contaminada por caragoles que hospedan al parásito.
¿Puede un valenciano contraer esta enfermedad?
Sí. En Europa hay bastantes casos. La mayoría se infectan por motivos turísticos: gente que ha viajado a África y que participa en picnics en el suelo incluidos. También es peligroso para los que viajen a zonas altamente endémicas, como el lago Malawi.
¿Cuáles son sus efectos más graves?
Los efectos de la esquitosomiasis son serios y a largo plazo pueden conducir a la muerte.
¿Cuántos mueren al año?
Calculamos que unos 2.500, aunque cuando se habla de mortalidad en el África subsahariana los datos son estimativos. Sin embargo, hay que subrayar que, más que la mortalidad, lo peligroso es su morbilidad. Es una enfermedad que debilita al infectado y le origina anemias que le impiden integrarse en la sociedad. Eso resulta especialmente dramático para los niños, que se quedan sin poder ir al colegio ni hacer nada.
Y eso que hay remedio…
Sí, hay un medicamento cuyo precio ronda los 0,25 euros. Con sólo una dosis el tratamiento es eficaz. Pero hay dos problemas. Por un lado, es difícil hacer llegar el medicamento a las zonas rurales en estos países que carecen de un sistema sanitario eficaz. Por otro lado, aunque un niño se cure, es difícil cambiar sus hábitos y lo normal es que vuelva a infectarse.
¿Cómo arreglamos lo primero?
Hay que hacer comprender a los políticos que estamos ante una enfermedad tratable con una droga eficaz y barata. Y si el problema es que en las zonas endémicas no disponen de medios para comprar y distribuir el tratamiento, hemos de ayudarles. Por ello, al hablar de la esquitosomiasis no estamos hablando sólo de enfermedades olvidadas y desatendidas, sino también de comunidades olvidadas y desatendidas.
Sostiene que el cambio climático ha modificado la propagación del parásito. ¿Cómo?
Esto es un aspecto delicado y hay que estudiarlo detenidamente y dejar que pase el tiempo. Pero de entrada es obvio que si cambia la temperatura y la pluviometría, y este parásito se contagia a través de los caragoles de agua dulce, las condiciones cambian. Asimismo, si las temperaturas suben, la gente se bañará más y habrá más propagación de la enfermedad.
¿Qué futuro le aguarda a las enfermedades desatendidas causadas por parásitos?
Podemos ser optimistas porque estas enfermedades están entrando en la agenda de la OMS y de las agencias sanitarias de la ONU. Es evidente que entre todos debemos hacer algo para mejorar la salud de estas comunidades.