VORO CONTRERAS VALENCIA
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Hoy se abre la veda general de caza en la Comunitat Valenciana y, por lo tanto, para más de 57.000 valencianos (que son los que tienen licencia para ejercer la actividad cinegética) es un día especial. Hasta el próximo mes de enero, en los días habilitados para ello, repetirán un rito que algunos consideran afición, otros un deporte y unos cuantos una barbaridad. Subirán al monte acompañados de sus perros, armados con sus escopetas y caminarán hasta dar con su objetivo, intentar hacerse con él y volver a casa, unos contentos por haberlo conseguido y otros no.
Y al igual que los falleros dicen que su actividad se inicia el día siguiente de la "cremà", los cazadores empiezan a comportarse como tales la jornada posterior al cierre de la veda, que es el 6 de enero. "Desde entonces -explica José Vicente Mossi, presidente de la Sociedad de Cazadores de Riba-roja- comenzamos a trabajar en la recuperación de los cotos, plantando trigo y habilitando los bebederos para los animales". El objetivo, según Mossi, es "simular el pasado, cuando las lluvias eran más numerosas, los campos de cultivo no se abandonaban, había más vegetación y, por lo tanto, más animales".
También desde enero hasta agosto empieza la época de caza del "garrot", llamada así no porque se golpee con un palo a los animales sino porque, al no utilizar escopeta, los cazadores pueden ocupar sus manos con un garrote para recorrer el monte con más comodidad. Son meses también que se aprovechan para preparar a los perros. "Sin ellos no cazaríamos ni el 5% de lo que cazamos", afirma Mossi.
Llegado octubre los aficionados empiezan a prepararse para el gran día. "Una semana antes de la apertura de la veda nos reunimos por "carrucaes" (grupos de cazadores con objetivos comunes) y hablamos de los mejores sitios, de las expectativas que tenemos...".
Y por fin llega el 12 de octubre. "Quedamos a eso de las seis y media, antes de que salga el sol, y a las siete subimos al monte. Nos repartir en grupos de tres, cuatro o cinco personas, aunque también hay quien prefiere ir solo. Unos van más rápido a su punto preferido y otros se lo toman con más calma y paran para almorzar".
Según este cazador, un buen día es el que consiguen 2 o 3 piezas, pero lo normal es que uno regrese con muy poco o nada. "Pero yo con ver como trabajan los perros ya disfruto". Luego toca volver a casa. Los cazadores de Riba-roja, el primer día de la temporada, suelen comer todos juntos y de nuevo suben al monte por la tarde. "Si se consiguen muchas piezas, se congelan y después quedamos para cenar juntos, o se reparten con quien tiene algún compromiso y necesita más".
Y a partir de hoy cuatro meses para disponer de la naturaleza de una manera antigua y especial. Aunque, según Mossi, en esto los tiempos también han cambiado. "Antaño la gente pasaba más tiempo en la montaña, la caza se vivía de otra manera".