RAFEL MONTANER VALENCIA
Nueva York no se entendería sin el apellido Guastavino. La saga de arquitectos valencianos formada por Rafael Guastavino padre e hijo forjó a base de bóvedas y arcos de ladrillo las grandes ciudades de EE UU en el tránsito del siglo XIX al XX. En iconos de la "Gran Manzana" como la estación Grand Central, el Carnegie Hall o la catedral de Saint John the Divine, es fácil reconocer la típica bóveda tabicada valenciana que Guastavino readaptó para convertirla en símbolo de la modernidad. A Guastavino padre se le identificó tanto con la ciudad que cuando falleció, en 1908, "The New York Times" tituló que había muerto "el arquitecto de Nueva York".
Uno de esos edificios con el sello Guastavino es la "Casa de Ladrillo", la mansión que levantó en 1912 el hijo del arquitecto valenciano junto al Atlántico. Enclavada una de las zonas más elitistas de Long Island, en el condado de Nueva York, sus actuales propietarios la han puesto a la venta en internet por 18.995.000 de dólares (12,9 millones de euros).
Rafael Guastavino hijo, que llegó con su padre a EE UU en 1881 cuando tenía 9 años, engrandeció la obra de su progenitor al frente de la Compañía de Construcciones Resistentes al Fuego en la que patentó hasta 24 tipos de diferentes de ladrillos con propiedades acústicas. Como arquitecto, el vástago del visionario valenciano diseñó en 1918 las bóvedas del techo del famoso centro de recepción de inmigrantes de la Isla de Ellis. De los 28.832 ladrillos que empleó sólo se reemplazaron 17 en la rehabilitación que se hizo en los años 80.
La "Casa de Ladrillo" es fruto del poderío económico alcanzado por los Guastavino en aquella Ciudad de los Milagros que fue el Nueva York de principios del siglo pasado. Guastavino hijo y su esposa, Elsie, se enamoraron del lugar cuando en el verano de 1912 navegaban frente a la costa de Long Island a bordo de "El Quixote", su yate de 11 metros. Compró la parcela de 4.856 m2 en la desembocadura de la lujosa avenida Awixa Creek, frente a la costa de Bay Shore, a Thomas Adams, el magnate de los chicles.
Guastavino hijo vivió en esta casa mediterránea hasta su muerte, en 1950. Su propietaria desde 1952 la puso a la venta en 2003 por 2,5 millones de dólares, pero ante las presiones de la Liga de Preservación del Estado de Nueva York, una especie de "Salvem" arquitectónico, que incluyó a esta mansión española entre los "Siete edificios a salvar de Nueva York", rechazó venderla a un promotor que planeaba tirarla abajo para construir lujosos apartamentos frente al mar.