J. S. VALENCIA
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Rául Mateo Ángel Balufo tiene ahora 34 años y jugaba entre los melocotoneros de Cofrentes cuando llegó el gigantesco reactor. Ahora es alcalde como antes lo fue su padre, el carismático Rául Ángel Domínguez. Además es presidente de la influyente Asociación de Municipios en Áreas con Centrales Nucleares (AMAC)
"Para Cofrentes, la central nuclear es una fuente muy importante de bienestar social, como lo es cualquier gran industria en otras poblaciones: nos reporta puestos de trabajo, ingresos a través del IBI y nos da ventajas en relación a la gente joven, que aquí puede sortear el fantasma de la despoblación que tanto angustia a los pueblos del interior".
Antes que Rául su padre intentó que Cofrentes no viviera solo y exclusivamente de la nuclear. Fracasó en su intento de reindustrialización- creo fábricas textiles que solo le crearon quebraderos de cabeza y algún pleito en los juzgados- pero triunfó relanzando el antiguo balneario de Hervideros.
Su hijo ha recogido el testigo: "No queremos basar nuestro futuro única y exclusivamente en la central nuclear. Nos estamos moviendo muchísimo: el Balneario tiene ya casi 300 camas y alrededor de 200 trabajadores y la ruta fluvial ha traído este año a cerca de 40.000 personas. Siempre digo que nos desarrollamos ýa pesarý de que tenemos una central nuclear, porque las noticias sobre la central siempre tienen un tono negativo mientras nosotros queremos vender cosas tan positivas como salud, paisaje y naturaleza".
Admite que sustituir hoy a la central es "imposible". "Tendríamos que renunciar a nuestro bienestar" y añade que no hay que "mitificar" el plazo de 40 años de funcionamiento. "Podría ser antes, si se dieran las circunstancias, pero también más tarde. Sin embargo no podemos esperar a que ocurra para que la Administración o nosotros nos pongamos entonces a ver qué hacemos".
"Lo ocurrido con Garoña es una advertencia y nos obliga ya a buscar alternativas. Lo que hagamos lo tenemos que hacer con previsión, pronto y sobre bases sólidas", concluyó.