V. X. C. XÀBIA
Y todo para recordar que el cooperante Antoni Llidó fue secuestrado y torturado hasta su desaparición en Chile, en plena dictadura de Augusto Pinochet. Pepa Llidó, su hermana, esboza sus impresiones sobre una nueva sentencia que ratifica la anterior y condena a la cárcel a cuatro militares, y al estado chileno a pagar una indemnización
¿Se ha llegado al final del camino con este nuevo fallo?
Todavía se puede recurrir. Nosotros, la familia, no lo haremos. Es posible que el Estado sí. Como en la primera sentencia nos parece corta ante el caso de secuestro calificado.
Ha sido un largo proceso. Su hermano en 1974 tenía 38 años cuando lo secuestraron y desapareció. ¿Ha valido la pena la lucha?
Sí. Han sido 35 años de sacrificios, desde aquel mes de octubre de 1974 cuando comenzamos las primeras acciones para saber lo que había sucedido hasta el año 1978 cuando emprendimos la batalla judicial.
¿Cómo vivió aquellos días buscando respuestas?
Querían que (Antoni Llidó) desapareciese sin más. Una dictadura que lo detuvo, torturó e hizo desaparecer. Ahora, con los años, recuerdo que a Pinochet no le pudieron condenar porque murió.
Y del proceso judicial y de la investigación en esta última etapa, ¿Cómo los valora?
El juez Jorge Zepeda ha indagado bastante. Hubo un testimonio de un miembro de la DINA (policía secreta del régimen dictatorial) que aseguró que pudo estar en la Colonia Dignidad. Allí, cuando llegaron, todas las fosas estaban limpias. Al aparecer los primeros cuerpos hicieron desaparecer al resto.
El paso del tiempo ha jugado pues en su contra.
Es así. La Justicia ha tardado tanto que los posibles implicados se han muerto en el camino y nunca conseguiremos encontrar el cuerpo de mi hermano.
¿La reparación del daño vale 188.000 dólares?
La cantidad no es importante. Lo importante es la reparación a nivel internacional, que se sepa la verdad y que se haga justicia. Lo gratificante ha sido contar con el Comité Pro Paz para denunciar y difundir los hechos y el papel de la Asociación Cultural Antoni Llídó, que se dedicó a aportar fondos con sus socios para mantener viva la causa. También hay que dar las gracias al Ayuntamiento de Xàbia, con todos los colores políticos que lo han gobernado, que siempre ha trabajado por recuperar la memoria de mi hermano. En el otro extremo estuvo el silencio de la jerarquía eclesiástica de Valencia. También quisieron acallarlo todo. Era un momento difícil cuando pedí información de lo sucedido ante el ministerio en Madrid el 17 de octubre de 1974.
¿Cuál es el futuro de la Asociación Antoni Llidó una vez que la sentencia sea definitivamente firme?
Pienso que la asociación no debería seguir. Su objetivo era recuperar la memoria de mi hermano Antoni Llidó y todo lo que le sucedió, además de luchar por los derechos humanos. Pero para este último aspecto ya existen en el mundo muchas organizaciones, como Amnistía Internacional, de las que algunos asociados ya forman parte.