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PILAR G. DEL BURGO VALENCIA
No hay presupuesto en el hospital La Fe. Eso fue lo que la endocrina le dijo a Verónica R. R., de 20 años y diabética desde los 8, al comunicarle que le habían denegado un sensor de control continuo de glucosa que el propio servicio de Endocrinología del hospital le había prescrito para que superara su miedo obsesivo a las hipoglucemias graves que le impiden dormir, porque se producen sobre todo por la noche.
En el informe clínico, el propio especialista destaca que la paciente se hace entre 50 y 60 controles diarios de glucemia, lo que entraña una importante carga física ("tengo los dedos negros de tanto pinchazo") y emocional.
La orden de denegarle el aparato la había dado la dirección del hospital, según expresó a Levante-EMV la madre de la joven, desesperada al ver que su hija se pasa la noche en vela midiéndose cada media hora nivel el azúcar para no caer en una hipoglucemias que le han provocado episodios graves de convulsiones e inconsciencia.
Verónica, que estudia cuarto de Psicología, está en tratamiento para afrontar el pánico nocturno a sufrir una bajada de azúcar repentina, porque el más mínimo ejercicio físico como bajar una escalera o caminar le consume mucha glucosa y ese bajón se produce, precisamente, de golpe, mientras duerme. Para evitarlo, se hace controles cada 20 ó 30 minutos, según indica el informe clínico.
A esta circunstancia se suma la ansiedad y el estrés de que en cualquier momento le sobrevenga una crisis grave.
El sensor continuo de glucosa, prescrito por el especialista y que no se lo pueden facilitar por falta de dinero, daría la información en tiempo real a la bomba de insulina que ya lleva la joven.
"Por la noche la dejo programada al nivel mínimo, como me ha dicho el médico, pero la bomba me inyecta insulina y si me da un desmayo durmiendo como ha ocurrido, no puedo reaccionar y apagarla, pero si llevara el sensor éste me avisaría cuando estuviera baja de azúcar y me daría tiempo a reaccionar", declaró Verónica.
Anacelsa Poppe, de 32 años, y con una diabetes rebelde que no puede controlar a pesar de todo tipo de tratamientos ha tardado un año en conseguir que le prescriban una bomba de insulina.
"Mi diabetes es muy difícil de controlar"
Los tratamientos para las diabetes rebeldes, que son las que no se pueden controlar con los métodos habituales, no solo son caros, sino que además llevan un gasto asociado de los recambios que es permanente. Annacelsa Poppe, una boliviana afincada en la Comunitat desde hace doce años y vecina de Sagunt, ha tenido que mover Roma con Santiago para conseguir que la derivaran al hospital Clínico que es donde hace unos días acaban de prescribirle la bomba de insulina ya que en el hospital de Sagunt no se la podían proporcionar porque no está en el catálogo de prestaciones. Su historia clínica refiere que como consecuencia de mal control de la diabetes, la paciente ha sufrido ya una retinopatía y le han tenido que operar de láser. "Cumplo todos los requisitos porque mi diabetes es muy difícil de controlar y me ocasiona muchas hiperglucemias (nivel de azúcar alto)". "Necesito la bomba para evitar los problemas graves que ya tengo", agrega.
La Conselleria de Sanidad, por su parte, reconoce que transcurre un año desde que comienzan los ajustes hasta que se receta la bomba. En el Clínico se han autorizado 130. p. g. b. valencia
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