J. RUIZ/J. GARCÍA VALENCIA
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El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, tensó ayer de nuevo la cuerda con la dirección nacional de su partido al asegurar que el ex secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, actuó "bajo las directrices del PP de España y de la Comunitat". En su comparecencia en la sesión de control de las Corts -a la que no acudía desde hace cuatro meses-, Camps hizo una defensa cerrada del que era su mano derecha en el PP y mantuvo que había ejercido el cargo "con responsabilidad, legalidad, eficiencia y seriedad, como se está demostrando y se demostrará", apostilló, como si avalara su posible regreso a la primera línea.
El pronunciamiento parece todo un desafío hacia Génova, que forzó el relevo de Costa como consecuencia del escándalo de las revelaciones del sumario del caso Gürtel que apuntan a una presunta financiación irregular del PP valenciano. La secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal, justificó en su día el cese de Costa en su falta de ética e indicó que veía imposible su vuelta por haber ido en contra del partido al leer un comunicado en el que afirmaba haber seguido órdenes de Madrid, unas palabras que Camps hizo suyas en las Corts. Tan lejos como ayer Cospedal reiteró que las decisiones sobre Costa no tienen marcha atrás.
"Si realmente el PP valenciano no tiene nada que esconder, ¿por qué han mandado a Costa a las mazmorras?", se preguntó después la portavoz de Compromís, Mónica Oltra, poniendo el dedo en la llaga. El escaño número 98 del hemiciclo, que el PP ha asignado a Costa, seguía ayer vacío.
Camps, que dejó abiertos los interrogantes sobre la marcha de Costa, enfrentó un nuevo debate monográfico sobre el caso Gürtel mirando hacia otro lado y tratando de dar la vuelta a la tortilla: "No sigo muy de cerca esta cuestión", comenzó diciendo. "Esos pretendidos amigos-continuó- parece que son amigos de la Moncloa, hablan directamente con gente de la Moncloa y ésta les adjudica obras a lo largo de este año". La acusación al Gobierno central de haber concedido 45 millones de euros a la empresa Teconsa -que los vicepresidentes del Consell concretaron más tarde- fue la única bala que usó Camps en un debate a cara de perro en el que tuvo que escuchar incluso cómo el portavoz del PSPV, Ángel Luna, le acusaba de haber utilizado a su mujer en sus relaciones con los cabecillas de la trama.
El presidente, que desde su escaño parecía acusar los golpes dialécticos de la oposición, se escudó en el sobreseimiento de la causa de los trajes por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat y exigió a Luna que le pidiera perdón por las "infamias y los insultos" que, en su opinión, le profirió cuando el proceso estaba abierto. "Nadie puede decir en este mismo instante que ninguna adjudicación haya podido transgredir cualquier tipo de norma o de ley", aseguró, tras recordar que el TSJ-CV llamó a declarar a una treintena de altos cargos de la Generalitat. Sobre el partido, mantuvo que sus cuentas están financiadas "legal y regularmente" y que lo demostrará llevándolas a las Corts. "Paso a paso, proceso a proceso e instante a instante, he dicho la verdad y por eso los tribunales me han dado la razón", proclamó.
Nada de esto sirvió para frenar las embestidas de la oposición, que insistió en que Camps debe dimitir. Luna mantuvo que el jefe del Consell es "el principal responsable" del escándalo porque mantenía "hilo directo con la trama", tal como, dijo, evidencian las conversaciones grabadas por la policía. Para Luna, el comportamiento de Camps ha generado una "fisura importante" en el PP. "Ha demostrado su talla de líder, ha hecho que todos sus compañeros fueran testigos mudos, y por lo tanto responsables involuntarios, de un asesinato político en primer grado y de la deslealtad cometida para salvar su cabeza, que no tiene salvación", espetó en alusión al sacrificio de Costa.
También fue especialmente dura la portavoz de Compromís, Mònica Oltra, quien acusó a Camps de hacer dos cosas que un político no se puede permitir: "Mentir y hacer el ridículo".
Camps, que llegó a lamentar tener portavoces "tan maleducados", se mostró convencido de que el partido saldrá "más fuerte e ilusionado de esta crisis".