JOSÉ SIERRA
VALENCIA
Castelló tiene un tesoro escondido que se resiste por igual a los geólogos y zahoríes e incluso se esconde al ojoquetodolové de los satélites: el agua del acuífero del Maestrazgo. En Peñíscola se cuenta la historia de un pirata que escondió un tesoro en la Torre Badum, a unos 6 kilómetros de la población. Nunca se encontró el tesoro, aunque quizá no buscaron bien el verdadero «tesoro» para una provincia y una zona costera con una creciente industria turística: las aguas subterráneas que emergen junto a la torre y especialmente bajo la superficie marina.
El origen de estas aguas hay que buscarlo en un acuífero muy extenso surgido del Jurásico, con casi 2.400 kilómetros cuadrados de superficie de los que el 30% son terrenos permeables directamente vinculados al acuífero y que carece prácticamente de descargas naturales en forma de manantial, al menos en tierra firme. Bajo el agua, la situación cambia radicalmente.
Basta alejarse unos metros de la orilla del mar para que el nivel piezométrico se sitúe a gran profundidad y eso dificulta la investigación y el uso de estas aguas. En tierra, muy pocos sondeos, pese a su profundidad, han logrado capturar las formaciones geológicas saturadas. Perforar aquí es casi como jugar a la loto y además es carísimo. A una distancia de la costa de 15 kilómetros, en el Valle de Benlloch-Canet Lo Roig, la profundidad mínima del nivel saturado está entre 350 -400 metros. A partir de Tirig la profundidad se sitúa en 500 metros..., lo que convierte en una aventura ruinosa «pinchar» a ver qué pasa.
Algunos estudios cifran en 535 hm3 la infiltración natural en este acuífero, que recibe además otros 60 de los acuíferos de Javalambre y Mosqueruela. Otros informes elaborados por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) reducen esta cifra a un intervalo situado entre los 373 y 420 hm3— la mitad del pretendido trasvase del Ebro—. Tampoco hay unanimidad en las descargas, que distintos informes sitúan en una franja entre 80 y 175 hectómetros cúbicos sólo en el tramo entre Alcossebre y Peñíscola. Se trata de descargas «visibles» en los manantiales de la playa Les Fonts de Alcossebre; Badum y el Prat de Peñíscola y de otras «invisibles» y de mayor cuantía por todo el litoral.
Por tierra, mar y aire
Descubrir dónde, cómo — si de forma difusa o concentrada— y cuánta agua subterránea sale al mar en esta estrecha franja y, en su caso, determinar si es posible su aprovechamiento, es un viejo reto científico. El Instituto Geológico y Minero de España, IGME, lleva años buscando el «tesoro».
En 2007 finalizó un estudio de «identificación y cartografía de surgencias costeras en acuífero kárstico de El Maestrazgo mediante técnicas de teledetección aeroportada en el infrarrojo térmico».
En esencia, un avión «Casa» 212 del Instituto de Técnica Aeroespacial (INTA) escrutó con un sensor térmico de infrarrojos en 2006 la superficie del mar entre Alcossebre y Peñíscola durante el verano, con pasadas diurnas y nocturnas— para determinar la existencia de «anomalías térmicas» que indican la existencia de zonas de descarga de aguas subterránea (DAS). El sistema se basa en que el agua subterránea dulce surge a una temperatura más o menos estable todo el año —18 grados centígrados— que en verano, especialmente, contrasta con la del agua salada, mucho más cálida (25º de media).
Se registraron 6 pasadas de 40 kilómetros entre Benicàssim y Peñíscola y las imágenes fueron validadas después con mediciones «de campo» en la superficie del mar y con sondas en las áreas de surgencia ya conocidas.
Las imagenes obtenidas no dejan lugar a dudas sobre la existencia de grandes surgencias, apreciables en la imagen, que se concentran en tres sectores: Alcossebre, Badum y Peñíscola, con otras de menor potencia en lugares como la playa del Ruso, al sur de Torre Badum.
Más investigación
Una vez confirmada la existencia de un «tesoro» cabía volver a la carga para precisar las descargas y evaluar el potencial de las aguas subterráneas en esta zona.
El investigador Miguel Mejías, jefe de Área de Infraestructura Hidrogeológica del IGME y que ya participó en el estudio citado, dirige ahora uno nuevo incluido dentro del Plan Nacional de I+D+i que intenta profundizar todavía más en el conocimiento de este acuífero. A las mediciones realizadas con el sensor térmico en 2006 se han sumado ahora el uso de trazadores radioactivos (Ra) y campañas de investigación a bordo del buque oceanográfico «García del Cid» basados en los resultados de la anterior campaña.
Los datos definitivos se conocerán en breve, aunque ya se sabe que además de las «anomalías» conocidas de Badum, Alcossebre y Peñíscola existe otra de grandes dimensiones a tres kilómetros de la costa, frente a la playa de «Torrenova», que vendría a «equilibrar» el balance del agua que entra al sistema y la que sale en manantiales y a través de las DAS. Descubierto el «tesoro» y sus mecanismos solo falta ahora protegerlo de la contaminación y definir su posible aprovechamiento.