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RAFEL MONTANER
?La era digital ha irrumpido con fuerza en el taller fallero, especialmente en aquellos donde se moldean las auténticas obras de arte que arden en la Sección Especial y que marcan las tendencias a seguir. El diseño asistido por ordenador (CAD) y los "brazos robots" articulados que esculpen en bloques de poliestireno expandido las grandes figuras surgidas de la mente del artista, con una precisión que ya la quisiera para si el mejor escultor, ya son una realidad en las fraguas donde se forjan las ilusiones de la fiesta valenciana por excelencia.
El motor de esta revolución tecnológica que vive el proceso de construcción de las fallas es la "exigencia constante de un mayor virtuosismo", según explicó ayer Jesús Catalá, profesor de la Universidad Cardenal Herrera-CEU y miembro de l'Associació d'Estudis Fallers, en la jornada sobre Fallas y tecnología que han impulsado la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y el Gremio de Artistas Falleros.
Adiós al "ninot" de cartón
El gran avance, según Catalá, en la búsqueda de la falla perfecta llegó en los años 90 del pasado siglo con la introducción del poliestireno. El investigador, que ha bautizado esa década como la "era del corcho blanco", en referencia al nombre popular con que se conoce este material plástico muy ligero sin el que serían impensables las figuras gigantes de la Sección Especial.
Catalá señala que el poliestireno expandido "ha arrinconado el cartón a las fallas de bajos presupuestos, que recurren a moldes antiguos para crear nuevas obras". Este nuevo material ha acelerado también el proceso de producción, puesto que se ha pasado del molde a tallado directo de las figuras. El paso siguiente, la digitalización de los grandes talleres que se vive actualmente "ha mejorado el proceso de producción de las fallas con la informatización del diseño, lo que permite amplificar aún más los gigantescos volúmenes", apunta.
Una tendencia a los monumentos ciclópeos, donde los límites al crecimiento los ponen "las leyes de la física" y el espacio de calles y plazas. "Yo no me imagino un 'fallodromo' donde se planten las 15 o 16 fallas de Especial, porque la propia ecología de la fiesta exige un entorno urbano", concluye Catalá.
Innovación al servicio del arte
Pero, las nuevas tecnologías no sólo han disparado el tamaño de las fallas, sino que también son fundamentales para ahorrar tiempo en la construcción del monumento y mejorar la precisión de su acabado, algo fundamental para unos talleres donde hace décadas que el "pensat i fet" pasó a la historia.
En esta apuesta por la innovación tiene mucho que ofrecer a las fallas el Instituto de Diseño y Fabricación (IDF) de la Politécnica, cuyo director, Josep Tornero, detalla que la Universidad puede aportar a los artistas "análisis estructurales de los monumentos por ordenador que eviten su desplome o evalúen su resistencia ante fuertes vientos, simulaciones de como arderá durante la 'cremà' e incluso estudios sobre el uso de nuevos materiales".
Este último aspecto es uno de los más controvertidos de las fallas actuales, pues la utilización de grandes cantidades de poliestireno ha abierto un debate sobre los efectos contaminantes de la combustión de este polímero sintético derivado del petróleo. En este sentido, Tornero detalla que el IDF investiga alternativas "como volver a utilizar las figuras talladas en este termoplástico como moldes sobre los que proyectar un material basado en la celulosa, de forma que tendríamos una falla como las de antes pero mucho más perfecta y rápida de construir".
En esta industrialización del proceso constructivo de las fallas, donde los artistas, apunta Catalá, "ya nada tienen que ver con el ideal romántico", la UPV también augura que el camino es la automatización de la construcción de los "ninots". Así lo cree Javier Andrés, investigador del IDF, que apuesta por la expansión del diseño y manufacturación asistido por ordenador y la robotización de los talleres. "El CAD garantiza un ensamblaje perfecto de las figuras y el cálculo exacto de los equilibrios del monumento, además de ahorrar costes al mejorar el diseño final".
Inmovilismo estético
Sin embargo, tanta tecnología no ha servido para revolucionar la estética de las fallas, que siguen ancladas en el modelo clásico surgido a principios del siglo pasado, que tiene "en el recargamiento barroco y en el virtuosismo sus principales señas de identidad", apunta Catalá, que achaca este inmovilismo "al consumo de masas".
Una idea que comparte el Mestre Major del gremio, José Latorre, quien destaca que el artista fallero "está dispuesto a innovar también estéticamente, pero siempre que lo ha intentado se ha encontrado con un rechazo de la sociedad y las propias comisiones, que son nuestros clientes".
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