VICENTE AUPÍ VALENCIA
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No es ninguna causalidad que la meteorología popular lo haya bautizado como "febrero, el loco". Los datos climatológicos avalan que cualquier cosa es posible en el segundo mes del año, desde la más intensa ola de frío polar (la de 1956 batió récords seculares) a las ponentàs más intensas y persistentes (las de 1990 supusieron un récord histórico de calor).
Por eso, no es de extrañar que para la celebración de la regata se haya elegido un abanico de fechas muy amplio, entre los días 8 y 25. Los organizadores son conscientes de que son malas fechas, y no les falta razón. No son las peores del año, porque éstas se dan en otoño, cuando se rompe por completo el régimen de brisas propio del litoral valenciano, pero las condiciones de febrero distan mucho de las que se dan en la primavera y a principios del verano, cuando "la regularidad de las brisas se impone y el viento siempre acaba saltando", en palabras de José Ángel Núñez, jefe del área de Climatología de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la Comunitat Valenciana.
El problema de febrero, realmente, no es la falta de viento, que sí lo hay, sino su tradición de mes impredecible; puede salir por cualquier lado. Pero los datos climatológicos indican que es un mes en el que hay viento, por lo que teniendo en cuenta el abanico de fechas elegido, tendría que darse mala suerte para que no se pudiera disponer de tres días en condiciones para la regata. Eso sí, no sería raro que haya que agotar el periodo de fechas elegido como margen para la competición.
Manda el poniente
Uno de los problemas es que el régimen de viento de febrero no lo gobiernan las brisas, que son de ámbito local, sino que casi siempre manda el poniente. Según Núñez, "los vientos más frecuentes en febrero son del oeste, con un 15%, aunque las calmas llegan al 20%. Entre el suroeste y el noroeste, la frecuencia llega al 41%". Pero los datos tienen un matiz positivo: "hay que tener en cuenta que la rosa del viento está elaborada con las 24 horas del día, y gran parte de las calmas se dan por la noche y a primera hora de la mañana; sin embargo, por el día, con el calentamiento solar, la ligera turbulencia que genera ese calentamiento y la cercanía del mar, hace que las calmas sean menos frecuentes".
La tabla comparativa que acompaña esta información ilustra las condiciones que se dan a lo largo del año en Valencia en la interacción entre la tierra y el mar, de la que dependen directamente las brisas marinas. La diferencia térmica entre agua y suelo es el resorte que dispara las brisas, por lo que no es difícil deducir que la época más favorable arranca en marzo y se prolonga hasta entrado el verano.
Otro de los problemas meteorológicos de febrero es que es el mes con mayor probabilidad de nieblas marítimas. Y esto también queda acreditado en la tabla adjunta: la temperatura del agua del mar, con una media de 13,3 °C en las cercanías de Valencia, es la más fría del año, y eso se traduce en que muchas veces, cuando sopla levante, el aire que desliza sobre la superficie del mar acaba condensándose al enfriarse y forma espesos bancos de niebla. Son bancos, además, que se limitan a la franja marítima, porque una vez que penetran en tierra se deshacen al estar el suelo más caliente que el agua.