PACO CERDÀ VALENCIA
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Menos viento, posibilidad de rachas extremadas o soporíferas encalmadas y, lo más importante para los regatistas, vientos con tendencia a cambiar de sentido rápidamente. Éstas son las condiciones eólicas del Golfo de Valencia en el mes de febrero que marcarán la disputa de la próxima Copa América. Así lo resumió ayer el regatista español Pablo Braquehais, ex miembro de la tripulación neozelandesa y del Desafío español. "Si todo va normal, no habrá mucho viento. En el histórico de verano estamos acostumbrados a vientos de 10 a 12 nudos de intensidad. En febrero, en cambio, la media de Valencia está entre 4 y 10 nudos", añade Braquehais.
Pero no sólo es una cuestión de intensidad. Lo que más preocupará a los tripulantes de Alinghi y BMW Oracle serán los típicos vientos rolones de febrero. En contra de la brisa térmica constante de verano -la que presidió la última Copa América de Valencia-, los vientos de febrero se caracterizan por su facilidad de cambio.
"Puede ser que empiece la regata con viento de levante y que poco después se gire viento del norte o del sur. Y ahí estará la clave para los tácticos, porque un cambio de 5 ó 10 grados en la dirección del viento puede hacer que pierdas hasta 2 ó 3 puestos en una regata", explica Pablo Braquehais, gran conocedor del clima mediterráneo aplicado a la competición náutica.
Para las embarcaciones, es más difícil navegar en invierno por los vientos flojos y cambiantes propios de la estación. Pero además de estas coordenadas, habrá otro factor que condicionará la disputa náutica: la posibilidad de temporales. "Cualquier cosa puede ocurrir en febrero, incluidos los grandes temporales", alerta José Ángel Núñez, que dirige el área de Climatología del Instituto Nacional de Meteorología en Valencia. Así pues, la imprevisibilidad climatológica marcará una edición que desafía la ley natural: las regatas son para el verano.