JULIA RUIZ VALENCIA
?Francisco Camps ha participado en miles de actos públicos desde que es presidente de la Generalitat y, en razón de su cargo, ha vivido situaciones de las más variadas. Como candidato en sus primeras elecciones autonómicas subió al Penyagolosa y en la pasada legislatura, en plena guerra zaplanista, se tuvo que marcar unos pasos de samba en el salón Daurat del Palau con los discípulos de Carlinhos Brown junto con la entonces consellera Gema Amor.
Las imágenes, sin embargo, quedaron para el consumo interno. Eran otros tiempos en los que los gestos que rompían el protocolo pasaban inadvertidos cuando no eran interpretados desde una óptica positiva. Sin embargo, desde que estalló el caso Gürtel y Camps se vio involucrado en la causa de los trajes, cada uno de sus movimientos, cada una de sus palabras están bajo los focos mediáticos; una presión que está pasando factura al jefe del Consell. La semana pasada el presidente se vio obligado a pedir disculpas después de ver como su acusación en el pleno de las Corts al portavoz del PSPV, Ángel Luna, de que le gustaría verlo muerto diera la vuelta por todos los telediarios.
El pasado lunes, el presidente salía de nuevo a la palestra por enfrentarse en plena calle con un joven que le llamó "corrupto" cuando salía de la sede del PP en la calle Quart de Valencia tras participar en el comité de dirección del partido. El vídeo con las imágenes del presidente siguiendo durante varios metros al joven mientras le pedía explicaciones por sus descalificaciones recibía ayer cientos de visitas en internet. Por su parte, varios medios de comunicación se esforzaban en tratar de localizar al anónimo increpante.
TVE vendía el video por 450 euros
El Consell trató el mismo lunes de minimizar la difusión de las imágenes grabadas en exclusiva por TVE. El vídeo que apenas dura 30 segundos se vendía a otras cadenas por 450 euros, un precio exhorbitado que da muestra de lo alto que cotiza todo aquello relacionado con Camps que se sale del guión. La escena del jueves en las Corts y la de lunes frente a la sede popular rompen la imagen de tranquilidad que el presidente ha tratado de dar desde que estalló el caso Gürtel.
Aunque el presidente, según su entorno, trata de tomarse todo lo que está pasando con filosofía e incluso con buen humor, no es menos cierto que el líder popular se siente perseguido y bajo la atenta mirada del Gran Hermano de los medios de comunicación. Y es que imágenes y palabras que hace un año habrían pasado prácticamente inadvertidas ahora se convierten en objeto de todo tipo de comentario.
El caso más reciente es la polémica que ha generado su asistencia el pasado domingo a la presentación de Ferrari en el circuito de Cheste. La fotografía del presidente conduciendo un descapotable de la marca italiana junto con la alcaldesa Barberá mientras Mariano Rajoy clausuraba la convención del PP en Barcelona encontró el domingo hueco en la mayoría de los informativos. Al día siguiente hasta el líder nacional del partido se veía obligado a defender al presidente de las críticas recibidas.
En Presidencia de la Generalitat se tiene la impresión de que haga lo que haga, el jefe del Consell será cuestionado y sus actos magnificados. Sus detractores, en cambio, opinan que es el propio presidente quien está cometiendo errores de bulto y creen perdida la batalla por la imagen. "Camps pasará a la historia como el de los trajes", comentaba un dirigente popular que colaboró en su día con el presidente. En todo caso, lo que parece evidente es que salir del túrmix -un concepto acuñado por el propio Camps para referirse al acoso de los medios y la oposición por Gürtel-no le va a resultar nada sencillo.