F. A. VALENCIA
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¿Cómo es posible que se acuda a la notaría a transferir una acción de una SL por seis euros y dos céntimos? La Brigada de Blanqueo de la Udef de la policía judicial, ofrece, en su informe sobre presunta financiación ilegal del PP valenciano, la respuesta en una clase acelerada sobre comportamiento societario de las organizaciones "mafiosas" y, específicamente, de la red Gürtel. Ganar dinero al margen de la ley es menos complicado que lavarlo. Para que este último estadio del proceso de producción de patrimonios tan interesantes como el de Francisco Correa Sánchez no haga descarriar el negocio resulta imprescindible tejer una larga ristra de empresas pantalla y personas interpuestas y con todas las ramificaciones internacionales que sean posibles. Cuanto más obstáculos, mejor, señala la Udef.
Los constantes cambios de titularidad de las acciones y las ampliaciones de capital constantes en las patrimoniales, suscritas por firmas propietarias radicadas en paraísos fiscales, son el "modus operandi" típico. Así funcionaba, entre otras Castaño Corporate. Cincuenta días antes de la inversión en la Nucia, el capital social constaba de 300 acciones de 6.02 euros. 299 estaban a nombre de Jacobo Gordon y 1 pertenecía a Consultoría y Gestión de Inversiones SL, cuyo administrador único era el propio Gordon.
Firmas pantalla superpuestas
El 31 de mayo de 2006, Gordon acudió a la notaría con Ramón Blanco Balín, quien actuaba como representante de Inversiones Kintamani, otra de las patrimoniales de Correa, dedicadas al blanqueo de capitales, al igual que Caroki, Cresva u Osiris Patrimonial, según la Brigada de Blanqueo. Inversiones Kintamani adquirió la acción de Gordon. Posteriormente, éste vendió 149 títulos, la mitad de su participación directa en Castaño Corporate, a esa misma firma. Las 150 que mantuvo se las transfirió a Ramón Blanco Asesores SL, la gestoría del inspector de Hacienda en excedencia, ingeniero financiero de la trama Gürtel y "persona de confianza de Francisco Correa", según la investigación judicial.
Así pues, los terrenos adquiridos en la Nucia, a nombre de Castaño Corporate, acabaron en manos, al 50% según el registro de la propiedad, de la compañía Inversiones Kintamani y de la gestoría que llevaba los asuntos de Francisco Correa. Un ejemplo de libro de la acusación de Garzón y la policía de que Blanco Balín, como Antoine Sánchez, primo del cabecilla de la trama, eran simples testaferros del número uno de la organización.