FRANCESC ARABÍ VALENCIA
Exactamente 203 días después de la dimisión de Andrés Perelló, se cubrió la vacante. Las Corts eligieron ayer a Leire Pajín senadora por la Comunitat Valenciana con el voto de los 38 diputados socialistas y 56 en blanco, del PP, Compromís y EU. No estaban Francisco Camps ni Ricardo Costa, entre otros.
No hubo sorpresas. En el PSPV acudieron todos y votaron sí. Y en el PP, Maite Parra se quedó con las ganas de que prosperara su idea de decir no. Se finiquitaron siete meses de boicot popular a una designación que ha sido un calvario con todo tipo de argumentos dilatorios: desde la falta de papeles hasta exigir un examen sobre RH de valencianía. El voto secreto, por llamamiento y con papeleta en urna siempre resulta más lucido. Y tiene morbo. En el anonimato cabe la protesta, en el botón sólo la torpeza. Pero, con todo, la liturgia del poder se desplegó ayer fuera de los escaños: en la tribuna de invitados, en la llegada (acompañada de un amplio séquito) y en los saludos.
Presencias y ausencias evidenciaron el distanciamiento y la frialdad entre la secretaria de organización del PSOE y el líder del PSPV, Jorge Alarte, quien no acudió con el argumento de que no piensa ir de invitado a las Corts para que no se mofe el PP. Sí estuvo en la reunión del grupo con Pajín, posterior al pleno, pero no se permitió la foto.
En el día en que, según el PSPV, se cerraba un proceso ominoso, se echaron en falta muchos afines al secretario general. Fueron los que ya estaban -los diputados- y los que no podían huir, como el alcalde de l'Eliana, Josep Maria Àngel, que fue elegido senador suplente de Pajín. De la ejecutiva también acudieron Elena Martín -mano derecha de la dirigente del PSOE- y Víctor Sahuquillo, alartista con excelente relación con Pajín. La moción de censura de Benidorm, la personación en el caso Gürtel, las discrepancias sobre la reciente querella y la interlocución de Alarte con Blanco casi en exclusiva han ido enfriando las relaciones. La dirigente federal ya lamentó en una reunión que el PSPV no había gastado mucha energía en denunciar el atropello, menos de la que usó el presidente del Senado, Javier Rojo, quien envió tres cartas de protesta a Milagrosa Martínez.
Ayer hubo, eso sí, desembarco de afines a Pajín. Además de los senadores valencianos y de la portavoz socialista en la Cámara Alta, Carmela Silva, la acompañaron la secretaria general de Alicante, Ana Barceló; el portavoz en aquella diputación, Antonio Amorós; su padre, José María, o su hermana, Amaya. El delegado del Gobierno, Ricardo Peralta, estuvo de invitado.
Pronto se vio que la de ayer no era una elección cualquiera. Se vivieron sutiles pugnas por ganar la posición en la foto y en los corrillos con Pajín y saludos efusivos, como de reencuentro de madres e hijas tras años de exilio. En el PSPV, ayer hubo tráfico de complicidades.
Una vez Milagrosa Martínez hizo entrega de la credencial de senadora a Leire Pajín, se vivieron más fotos con la protagonista y las primeras palabras de recién elegida. Fueron para expresar su "compromiso" con los valencianos, junto a un Gobierno que es el que "más inversiones ha traído a esta tierra". Lamentó en valenciano un boicot "que jamás debió pasar nunca en democracia" . "Espero que esto jamás vuelva a ocurrir", zanjó.
Desde el PP, Rafael Blasco la felicitó e interpretó la elección como una ocasión "que le brinda el PP para que defienda los intereses valencianos y reconozca que está Comunitat no puede seguir estando tan discriminada" por Zapatero.