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Poesía en la cárcel

Unos versos con sabor a libertad

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Una treintena de presos de la cárcel de Picassent culmina un taller de poesía dirigido por cuatro maestros, entre ellos Carlos Marzal. Los reclusos han compuesto poemas, desgarradores y melancólicos, que formarán parte del libro «Poemas desde la prisión»

PACO CERDÀ ­A las cinco de la tarde se abrieron los barrotes de las celdas y los muros con alambres de púas se vinieron abajo en Picassent. Ningún funcionario lo notó. Entre otras cosas, porque sólo había ocurrido en la mente de 35 presos, los que forman el club de lectura del pabellón de preventivos. Este martes se sentían libres, una libertad que hacía tiempo que no recordaban, gracias a la poesía. Puede sonar exagerado o forzadamente poético. Pero así lo contaban los protagonistas que compartieron versos con el Premio Nacional de Poesía Carlos Marzal, en la última sesión del taller literario impulsado en el penal de Picassent por el poeta Abelardo Martínez.
Marzal hizo de maestro. Les explicó que la poesía debe ayudar a comprender el mundo y a entenderse a uno mismo. Que debe ser clara y fácilmente inteligible. Y que, en última instancia, un poema pertenece a su lector. Por ello, quiso regalarles algunos versos, recitados en la calma de un salón con una ventana enrejada de azul tras la que caía, lentamente, la tarde. Les recitó que «cada cual es obra de un sinfín de multitudes, de errores de la especie, de conquistas contra la oscuridad» y que «estar con vida es un débil ensueño». «Olvida ya tu extravío, pájaro de mi espanto», pidió a su audiencia, antes de culminar con un verso dirigido a latiguear sus consciencias: «¿Estamos a vivir o es que no estamos?».
Todos gustaron de la pluma y la voz de Marzal. Pero a algunos se les notaba la impaciencia por que terminase esa primera parte y fueran ellos, los reclusos, quienes tomaran la palabra. El primero fue Mauricio, un sudamericano que dedicó su composición al club de lectura de la cárcel, «faro de luz entre mundos de rutina, antídoto de la soledad», recitó. Pronto le llegó el turno a Fran, un filósofo del heavy metal que entonaba su amargo grito: «A golpes con todo/a golpes conmigo/a golpes con rabia/y a golpes…/… a golpes con nuestro destino», declamó.
Fuera del salón, Fran explica que escribir poesía le sirve para tres cosas: «Recordar quién soy, sentirme vivo y motivarme para un futuro mejor». A Vicent también le ayuda. Mientras sus compañeros declaman versos, él confiesa en voz baja: «Esto me está salvando la vida». Nadie lo diría después de haber oído su poema Querida eutanasia, en el que lamentaba estar «ardiendo en una hoguera infinita» y abominaba de permanecer «esposado de una forma tan humillante en este oxidado potro de tortura». Vicent, de 32 años, lleva un año entre rejas y aguarda la sentencia definitiva. Piden para él una pena de diez años.

Un proyecto más que literario
El desgarrado poema de Vicent contrastó con otros versos de tono amoroso escritos a quienes esperan afuera (la amada, la madre, los hijos) y otras composiciones de corte melancólico que reflexionan sobre la difícil situación coyuntural por la que están atravesando.
Los títulos ilustran bien las temáticas tratadas. Félix ha escrito Noches de incertidumbre; Miguel ha entregado El punto final; Miana está satisfecha de su complejo poema Confusus; y Pedro ha concluido un Amor incondicional. Así, hasta medio centenar de textos que serán seleccionados por el impulsor del taller de poesía. El objetivo, como adelantó este diario, es la publicación de un libro con poemas de los presos de Picassent. Se titulará Poemas desde la prisión, lo editará Cultiva Libros y será presentado el 4 de marzo en el Club Diario Levante.
Ése es el objetivo aparente. El que cuentan a invitados y periodistas. Pero en el fondo, el proyecto va mucho más allá. «Esto es mejor que una terapia psicológica; es una reinserción interior a través de la poesía», relata el colombiano Juan Mauricio. Él dice que, al entrar en la prisión, se había revestido de «una coraza» para no sufrir ni hacer sufrir a los suyos. Ahora, la poesía le ha ayudado a volver a sentir. «Aquí los sentimientos están a flor de piel y, gracias a esta actividad, tenemos la oportunidad de reflexionar», cuenta Rafa, tan amable y exquisito en el trato como el resto de reclusos.
También agradecen que el taller de poesía los haya puesto en contacto con «gente de fuera». Por Picassent 3 y su aula de poesía han pasado en el último mes los escritores Abelardo Martínez, Carles Recio, el columnista de Levante-EMV Emili Piera y Carlos Marzal. A todos ellos, y al periodista que pregunta, les dan las gracias y les piden que transmitan un mensaje. Lo verbaliza como nadie el preso y poeta Miguel: «Queremos que la sociedad vea que aquí dentro hay personas. Simplemente eso: personas».

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